¿Sabías que…? La primera gran polémica de nuestro baloncesto


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El baloncesto en 1933: Los Jardines del Cine Goya en Madrid.

¿Sabías que la primera gran polémica de nuestro baloncesto se remonta a la primera edición del Campeonato de España, allá por 1933?

Así es. Con el nacimiento de lo que hoy es la Copa del Rey, el Campeonato de España de Baloncesto, se creó la primera competición nacional de este deporte en España y ya en las semifinales se produjo la primera polémica de su cortísima vida.

Hasta 1933 no existía una competición nacional, jugándose torneos regionales entre los equipos inscritos entre las distintas Federaciones territoriales que empezaban a surgir por España (Catalana, Madrileña o Castellana, Balear, Valenciana, etc). En 1933 se acordó disputar un torneo que agrupara a los campeones de las distintas regiones españolas y así fue como surgió el Capeonato de España. Los problemas económicos de los clubes enteramente amateur de entonces recortarían el torneo dejándolo en solo 4 participantes, dos de Madrid y dos de Cataluña, las dos federaciones regionales más fuertes entonces.

Los equipos madrileños eran el Rayo Club (sin relación alguna con el Rayo Vallecano), subcampeón de Castilla, y el Madrid Basket-Ball (o lo que es lo mismo, el Real Madrid), vigente campeón de Castilla. Los dos equipos catalanes eran el Juventus Sabadell, campeón de Cataluña y el Iluro Mataró, subcampeón.

Con solo cuatro equipos, se decidió que la competición constase de dos semifinales entre Rayo y Juventus y Madrid e Iluro a doble partido, seguida de la final a celebrar en Madrid. Una circunstancia que tendría su influencia en los acontecimientos posteriores fue que cada Federación pondría sus árbitros y equipos de cronometradores para los partidos a disputar en sus territorios. Así, en Cataluña arbitrarían árbitros de la Federación Catalana y en Madrid de la Castellana. 

Los partidos de ida se disputaron en Cataluña y los de vuelta en Madrid. El 15 de octubre de 1933 se jugaron los que son los dos primeros partidos de competición nacional de la historia de nuestro baloncesto, venciendo en ambos casos los equipos locales (Juventus 40-25 Rayo; Iluro 21-17 Madrid), trasladándose las eliminatorias a Madrid para jugarse los partidos de vuelta el 22 de octubre.

El Rayo remontaría el marcador para meterse en la final por 23-6, con un marcador global de 48-46. Existe una anécdota en este partido de vuelta y es que el árbitro designado, un tal Gil, al conseguir una canasta el Rayo Club que lo ponía por primera vez por delante en la eliminatoria dio al parecer un salto de alegría. Esto sería aprovechado por la prensa catalana para hablar de un arbitraje casero, pero no es esta la gran polémica del Campeonato.

Porque la polémica vino en el partido entre Madrid Basket-ball e Iluro Mataró. El partido se jugó en los Jardines del Cine Goya, situados en el número 24 de la calle Goya de Madrid, un lugar en el que ahora hay un bloque de viviendas. El campo pertenecía a la Federación Castellana de Basket-ball y era una instalación al aire libre, con el suelo de tierra apelmazada.

La primera discusión vino cuando los jugadores del Iluro se quejaron del mal estado del terreno de juego, pero el partido se jugó de todas formas. Y así, cuando se disputaba el minuto 5 de la segunda parte y el marcador señalaba un 11-5 que por entonces clasificaba al Madrid, vino el lío. El árbitro del partido, Juan Ignacio Duplat, señalaba dos técnicas consecutivas al capitán del Iluro por sus protestas reiteradas. Las protestas venían motivadas porque el equipo catalán entendía que el árbitro estaba pitando desde que empezó el partido a favor del equipo local.

El reglamento de entonces otorgaba un tiro libre y balón de banda al equipo contrario, así que las dos técnicas daban dos tiros libres y banda al Madrid. El Madrid anota el primer tiro libre (12-5) pero falla el segundo. En ese momento, el balón debería haber ido a la banda con saque para los locales, pero el rebote posterior al tiro libre es recogido por un jugador madridista que anota sin que nadie intente impedirlo puesto que la jugada no vale…

Pero el árbitro da validez a la jugada (14-5) en vez de anular la canasta y dar saque de banda al Madrid. Se monta una bronca monumental en el terreno de juego que no hace cambiar la decisión al señor Duplat y como consecuencia, el Iluro decide retirarse del partido.

Con los jugadores catalanes en el vestuario, el árbitro da marcha atrás y anula la canasta, volviendo el marcador a 12-5, y trata de reanudar el partido. Sin embargo, la decisión del Iluro no tiene marcha atrás y el partido concluye por retirada del equipo con 12-5.

El responsable por entonces de la sección de baloncesto del Madrid, señor Cabrera, que también era el presidente de la Federación Castellana, propuso reanudar el partido cambiando el árbitro por el señor Gil antes citado, pero también esto fue rechazado por el equipo de Mataró.

En palabras de Cabrera, el resumen del partido es el siguiente:

“Lamento lo ocurrido, y aunque no lo encuentro excusable, reconozco que el Iluro fue netamente perjudicado con la actuación del árbitro que motivó el conflicto. Esto aparte, es necesario llegar a una inteligencia pues la distinta interpretación del reglamento, de no llegar a aquella, motivará otros hechos como el de hoy cuando actúen catalanes y castellanos.”

Por su parte, la prensa catalana se cebó con el señor Duplat, no por entender que fuera partidista, sino directamente por su desconocimiento del reglamento del baloncesto. La Federación Catalana, por boca de los señores Gutiérrez y Canal, cerraría la polémica con estas palabras:

“Consideramos un atropello los arbitrajes que han hecho en ésta y que han perjudicado, de forma indecible, a nuestros representantes. Que conste nuestra más enérgica protesta contra los mismos. Consideramos que con un buen arbitraje el Sabadell, aunque vencido, se hubiera clasificado, y que el Iluro tenía muchas posibilidades de hacer lo propio, ya que el Madrid estaba jugando muy deficientemente.”

Esta es la primera gran polémica de nuestro baloncesto. Solo hizo falta que se creara un campeonato nacional para que surgiese a la primera de cambio. Esta polémica provocó, por cierto, que el baloncesto de repente saltara a las primeras páginas de la prensa y se hiciera un deporte popular. Y sin embargo, vino motivada porque en 1933 ni siquiera existían criterios de arbitraje unificados entre las distintas federaciones regionales. Con un deporte aún en vías de desarrollo, tal y como reconocía el señor Cabrera quedó patente que había mucho trabajo por delante para unificar las reglas en todo el territorio nacional.

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