Peleas ejemplares merecen castigos ejemplares


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Foto: Diario El Mundo

El tristísimo espectáculo vivido ayer en los segundos finales del partido entre Bilbao Basket y Laboral Kutxa, con una monumental pelea entre todos los jugadores de ambos equipos, no puede quedar como una mera anécdota más de las que ocurren a lo largo de la temporada.

Que un partido que llega decidido a esos segundos finales concluya con una bronca como la vivida ayer, comenzada con una falta flagrante y una provocación y pique entre jugadores, no beneficia en nada la imagen de un deporte que ya bastante mal lo pasa en los últimos años para sobrevivir en un entorno de crisis económica y desatención mediática. Que espectáculos tan tristes como el de ayer que son más habituales en otros deportes que no hace falta citar se trasladen al baloncesto es lo que nos faltaba para tener ya de todo en nuestra agonizante liga.

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Foto: Diario El Mundo

Como siempre, hay quien trata de quitar hierro al asunto o incluso de justificarlo con lo de la eterna rivalidad entre dos de  los tres equipos vascos de la liga, la enemistad entre aficiones, la situación deportiva de uno y económica de ambos, etc,etc.

Pero aquí no hay excusas. Que una bronca de este tipo concluya con la expulsión de los banquillos completos de los dos equipos y jugando cuatro contra cinco no puede quedar en nada. Que el baloncesto nacional consiga abrir las noticias deportivas de los informativos porque hemos asistido a una pelea barriobajera no se puede cerrar como si no hubiera pasado nada. Peleas ejemplares merecen castigos ejemplares.

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Foto: Diario El Mundo

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Cuando el 20 de noviembre de 2004 Ron Artest y Ben Wallace se enzararon a 45 segundos del final del partido, dando lugar a la mayor bronca que se ha vivido en la historia de la NBA y que continuó cuando un espectador le lanzó un vaso a Artest, la liga reaccionó rápidamente suspendiendo a Artest para toda la temporada 04/05, a Stephen Jackson durante 30 partidos, a Jermaine O’neal por 15 partidos, Ben Wallace por 6, Anthony Jackson por 5 y Reggie Miller, Chauncey Billups, Derrick Coleman, Elden Campbell y David Harrison por 1 partido. Además, todos estos jugadores quedaron suspendidos de sueldo durante sus sanciones, acumulando un total de 11 millones y medio de dólares que dejaron de percibir entre todos. Solo Artest perdió casi 5 millones de dólares ese año.

Y esto no quedó aquí: Artest, Jackson, O’neal, Johnson y Harrison fueron denunciados y condenados a un año de libertad vigilada, una multa de un cuarto de millón de dólares cada uno, distintas horas de trabajos sociales y a asistir obligatoriamente a terapia.

Así es como se resuelven estas cosas en una liga seria como es la NBA. Aquí en España está por ver si alguien se va a atrever a plantear algún tipo de sanción por mínima que sea o todo quedará en una anécdota que ha dado unos minutos de gloria a nuestro baloncesto en los telediarios. Menuda gloria.

 

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