Más notas sobre juicios. Entrenadores.


Pensando en el artículo para este mes, me acordé de mi artículo pasado sobre juicios y me dí cuente de que lo dediqué a los jugadores. Así que les traigo este mes la versión sobre juicio de entrenadores. Lo primero que hay que decir, y mantener en mente en todo momento, el entrenador es lo más difícil de juzgar, puesto que casi todo lo que hace se realiza a través de otros, los jugadores. Si cuando uno, como aficionado, debe ser especialmente cauteloso cuando se trata de emitir un juicio, más si es negativo, sobre lo que hace un jugador, hacerlo sobre lo que hace un entrenador debe provocar aún mayor cautela, hasta plantearse si uno, simple aficionado, puede en absoluto abrir la boca. Luego, cuando la abre, hacerlo siempre consciente de que no puede pretender que lo que diga sea considerado seriamente, sino meramente como parte de un juego, por el que se disfrute más del deporte. Al igual que con los jugadores, encontramos a quien parte de un prejuicio y trata los hechos y los datos sin más criterio que interpretarlos como sea que pueda confirmar esos prejuicios.

El mejor

La parte más sencilla que juzgar de un entrenador son sus tiempos muertos. Se ve directamente su trabajo. Cómo habla, cómo dibuja en la pizarra, qué jugadas ordena. Si sabe cómo hablar a los jugadores, cuándo hablarles con ira, cuándo mostrarles tranquilidad. Si sus dibujos en la pizarra son fáciles de entender, como sus intrucciones habladas. La pizarra ha de estar orientada de forma que los jugadores la puedan ver bien. Lo que ordene ha de ser acorde con las capacidades de sus jugadores y ser razonables a la hora de aprovechar las debilidades en el juego rival, no cayendo en sus puntos fuertes. El criterio más claro para saber si un entrenador es bueno en los tiempos muertos es que a la vuelta de ellos las cosas vayan a favor de su equipo, especialmente que si lo pide con las cosas yendo en contra de su equipo se tornen a favor tras su tiempo muerto. Si nunca mejoran las cosas para su equipo tras los tiempos muertos, es probable que el entrenador no es muy bueno. No ha de exigirse que siempre cambien a mejor; si el rival es mejor o su entrenador es bueno y capaz de predecir los cambios que se van a hacer, puede que el tiempo muerto no logre el efecto deseado sin que eso signifique que es mal entrenador.

No sólo hay que ver si sabe hablar con los jugadores; también si sabe hablar con los árbitros. Si los conocer y sabe cómo es su reacción a las protestas y hablar con ellos. Ser´´a un punto a favor que sepa no protestar a aquellos con poca paciencia que van a irritarse contra uno y endurecer más su criterio, mientras que sí proteste a aquellos que más tienden a ceder. Y hablar con los que están en mejor disposición a escuchar.

En defensa, hay que tratar de fijarse en si reconoce las amenazas más serias del equipo contrario, preparándose ante ellas de la manera adecuada. Si no lo ha reconocido desde el principio, en la preparación del partido, ver si al aparecer ese peligro imprevisto hace las correcciones apropiadas. También ha de mirarse si da la atención adecuada a cada potencial amenaza rival, sin centrarse tanto en un jugador o en una jugada que deje a los demás completamente libres. Sin olvidar que, a veces, no es posible guardarse igualmente de dos amenazas simultáneamente y hay que hacer aquello que decía Manel Comas: “elige cómo morir”, es decir, apostar por cuál de las dos amenazas es más peligrosa y permitir la otra. También hay que preguntarse si da al equipo una disposición defensiva que niegue al rival aquellos espacios donde más rendimiento suele sacar de los tiros. Además la colocación defensiva que produzca debe ser tal que los jugadores puedan estar donde se les necesita con el menor esfuerzo posible; soy de la opinión de que si un jugador tiene que hacer una gran carrera o un gran esfuerzo para llegar a un tapón o a una defensa es porque su colocación era mala, no porque tenga “actitud” (puede que algún día escriba un artículo sobre la actitud, que en el momento presente apuesto que es un mito, si acaso se trata de atención o capacidad de concentración). Hay que ver si, durante la temporada, se corrigen defectos claros de técnica individual o errores comunes de la defensa, si los jugadores suelen saber cuándo y a quién ayudar y quién debe recuperar al atacante que se quedó solo y recibe el balón. Por dónde pasan los bloqueos.

Phil Jackson, otro mítico.

En ataque hay que valorar si los esquemas de juego (que siempre existen, no crean a nadie que diga que el ataque de alguien no tiene ningún sistema) se ajustan a las capacidades de los jugadores, que aprovechen todas las que tengan. Trataremos de ver si los jugadores se mueven bien o tienden a quedarse estáticos, si el balón se bota mucho o poco. Debemos mirar si en general los sistemas generan espacios para los tiradores. Si hay bloqueos y se hacen bien. Hay que tratar de observar también si problemas de técnica individual son corregidos a lo largo de la temporada.

Es típico, cuando el equipo de un entrenador tiene un resultado que es contrario a lo que alguien piensa de él, que se lea decir que “son los jugadores los que fallan/meten los tiros” o los que marcan o dejan de marcar a los jugadores, se cierran o no en exceso alrededor de las zonas… Excusas para no contar un resultado como algo que pueda marcar un partido como un candidato a refutar nuestra opinión del entrenador. Claro que son los jugadores los que hacen las cosas en cancha. No es menos claro que las hacen siguiendo las instrucciones y el trabajo del entrenador, que es quien decide las cuestones estratégicas del partido. Es el trabajo del entrenador el que contribuye o perjudica las capacidades de los jugadores. Puede haber casos, poco frecuentes, en que un jugador tiene un mal día y falla estando solo en que puede decirse que sus fallos de tiro son cosa de su mal día sin que haya que culpar al entrenador. O un rival las mete hasta de espaldas con dos encima, en cuyo caso tampoco se puede culpar al entrenador por la defensa, o alabar al suyo por esos ataques que entran por la suerte de tener al jugador enchufado. Lo que no se puede hacer es nunca atribuir al entrenador nada de lo que pase, al menos nada de lo que sugiere algo que no nos gusta. Es misión del entrenador diseñar jugadas para que los jugadores que tiran lo hagan en posiciones cómodas; generalmente, si los jugadores tienen buenos porcentajes de tiro es porque los sistemas del entrenador son capaces de proporcionarles buenas posiciones y si los tienen malos habrá sido porque el entrenador no ha sido capaz de darles sistemas de juego en que logren posiciones cómodas. Igualmente, si un equipo defiende muy bien, negando al rival tiros cómodos, será porque el entrenador les ha proporcionado con un esquema defensivo capaz de enfrentarse adecuadamente al estilo de ataque del rival, mientras que si la defensa no funciona porque están dejando al rival espacios que puede aprovechar será porque el sistema defensivo que ha proporcionado el entrenador no ha sido capaz de cumplir su función. Cerrarse más o menos sobre la zona, hacer o no ayudas, defender en individual o en zona no son cosas que decidan los jugadores porque les da la gana, no habría coordinación, sino que se hace así porque lo ordena el entrenador. Puede haber defensas mal hechas por el entrenador que funcionen, suele ocurrir entonces que los jugadores deben suplir los errores del entrenador con un extra de esfuerzo que los comentaristas suelen calificar de coraje y pundonor, como dije más arriba.

Volviendo al principio del anterior párrafo, he de añadir que lo que nunca puede pasar ni decirse es que, si el equipo ha sufrido una derrota desastrosa, haya sido un día malo de los jugadores y el entrenador no tenga nada que ver. Un jugador o dos pueden tener un mal día en el mismo partido, aunque es difícil, ¿que tengan un día desastroso más jugadores, hasta doce, el mismo día? No. Nunca. De ninguna manera. Eso son excusas baratas. Si todos han jugado igual de mal, no puede haber otra razón que los sistemas de ataque que se han jugado y la táctica defensiva han fracasado por completo. Eso sólo puede venir de decisiones del entrenador. Precisamente que casi todos tengan un mal día es la demostración de que la culpa de la derrota es del entrenador. Lo mismo se aplica a victorias impresionantes en las que todos brillan, uno o dos jugadores pueden encontrarse en su buen día el mismo partido, no los doce; si muchos han jugado por encima de su nivel, no puede ser sino consecuencia de una gran dirección desde el banquillo.

Jonas Kaslauskas

Aun así, sobre todo en ataque, hay lugar para que el jugador pueda salirse del plan si lo ve necesario, algo que puede estar más o menos permitido por el entrenador. Los hay que dan bastante libertad de decisión y otros que no dejan ninguna. Salvo excesos, ninguna de las dos opciones es necesariamente mala y dependerá de la calidad de la plantilla. ¿Cómo saber qué movimientos atribuir a trabajo de entrenador y cuáles a la decisión del jugador? Mi respuesta es: patrones de movimiento reconocibles que suceden de forma regular en varias posesiones o que son prolongados son cosa del entrenador, movimientos cortos o que no se ven repetidos de forma consistente pueden ser cosa de jugador. El caso más fácil es el de las jugadas pedidas en un tiempo muerto, en que podemos ver qué ha pedido el entrenador (y juzgar la bondad de la jugada) y luego qué hacen los jugadores; si se corresponden, el mérito o demérito de la jugada es del entrenador (sin olvidar los jugadores que la ejecutan), si no se parece en nada entonces sabemos que los jugadores han hecho lo que han querido, en cuyo caso el demérito o mérito no pertenece al entrenador. Aquí hay un punto en el que no sé por qué lado decantarme: si los jugadores no hacen caso al entrenador, es que éste no se ha ganado su respeto, ¿es un fallo del entrenador el no habérselo ganado o es una tara de los jugadores el negárselo? ¿Qué podría hacer el entrenador para lograrlo? ¿Hasta qué punto que no le respeten debe ser considerado un punto en contra? Una respuesta provisional, considerando lo que contaba Pepe Laso sobre su relación con Biyombo en un clinic de Ourense (que se retiró de Youtube), me lleva a decir que eso es un problema de comunicación, que es parte del trabajo del entrenador y, por tanto, sí debe considerarse como un punto negativo del entrenador.

Finalmente, el punto que más valoro, es cómo maneja los finales de partido. En estos es donde más se puede observar la presencia o ausencia de determinadas virtudes o defectos: ¿es valiente en sus decisiones o se acobarda y se limita a lo que todos los comentaristas dicen como la solución más sencilla? ¿Diseña buenas jugadas finales? ¿Sus decisiones son razonables con lo que se sabe antes de que se resuelva? Recordemos que cuando está en el tiempo muerto a veinte segundos no sabe si el triple va a entrar, se va a coger el rebote o va a haber una falta. No se puede juzgar por el resultado, sino por lo que podría haberse esperado antes del final. No digo que el resultado deba ser ignorado, sino que no se puede decir “qué mal entrenador de finales, ha ordenado falta, le han cogido el rebote así que esa fue una decisión pésima, debió defender”. Al resultado hay que preguntarle: ¿Era previsible cuando pidió el tiempo muerto? ¿Por qué? ¿Qué razones podía tener para haber tomado su decisión? ¿Cuál podría ser su propósito? ¿Qué posibilidades de éxito podían esperarse? ¿Y las de las alternativas? ¿El rival había fracasado ante jugadas parecidas anteriormente o había mostrado que podía superar ese ataque o decisión defensiva?

Lo más fundamental a la hora de juzgar a un entrenador, al igual que si se trata de juzgar a un jugador, es tener unos criterios definidos que sean los que dicten, basándose en los hechos que vemos, la conclusión a la que llegamos, de forma coherente y al margen de gustos o prejuicios. Nunca decidir a dónde queremos llegar y, entonces, elegir los criterios que convengan para hacer que los hechos apunten a la conclusión que ya tenemos decidido por filias, fobias o prejuicios. Sin duda, un entrenador profesional podría dar una larga conferencia sobre este asunto. Yo, que soy un mero aficionado intentando comprender el juego basándome en lo que he visto a lo largo de años y lo que oigo a los comentaristas, me conformo con esto que he escrito.




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