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Hasta que no se conoce en persona a Jenaro Díaz uno tiene derecho a sobrevalorar sus propios esfuerzos y considerarse trabajador. El entrenador ayudante de la selección es un obseso del baloncesto, un cirujano de la táctica individual y colectiva que opera con bisturí hasta diseccionar fotograma a fotograma el desempeño de los equipos y de los jugadores. Habitualmente he sido muy crítico con todos aquellos que han querido convertir el baloncesto en una especie de maniobra militar diseñada en el Estado Mayor de la Defensa. Me gusta más el símil con el ajedrez, que es por otra parte el que utiliza Jenaro, un deporte en el que se acciona y se reacciona y en el que gana no sólo el que más sabe de sí mismo, sino también el que mejor conoce al rival. Eso sí, puestos a elegir y en aras del espectáculo, prefiero ser un Capablanca que un Karpov.

 

Por su parte Porfirio Fisac prefirió utilizar su capacidad de transmisión para recordarnos algunos eslóganes que no por manidos dejan de ser pertinentes. “Siempre trabajo al máximo nivel”, “los recursos convierten a la táctica en buena” comentaba mientras tenía a los jugadores trabajando sobre la figura del pick and roll central y su progresión al juego de cinco por cinco, un sistema que amenaza con monopolizar los librillos de los entrenadores y limitar la creatividad del jugador. Precisamente mañana hablaremos de la excelencia en el uso de este recurso por parte de los San Antonio Spurs, una excelencia que radica principalmente en que el balón no se detenga nunca y en los movimientos de ocupación (y desocupación) de espacios por parte de los otros tres jugadores.

 

Precisamente, y aprovecho para abrir un debate, a raíz de la apoteósica circulación de balón de los Spurs, Moncho Monsalve nos insistió en la enseñanza del fundamento del pase. Un equipo que comparte la bola es más feliz y está más cohesionado. Sin embargo, preguntados por el elemento técnico de mayor importancia otros entrenadores nos han hablado de la capacidad para superar en el uno contra uno o del tiro, el bendito tiro que convierte en buenos todos los sistemas que diseñamos. Parece quedar patente y visible, así, lo movedizo del suelo sobre el que nos movemos, lo subjetivo de algunos juicios y lo opinable de todas aquellas posturas sostenidas sobre la coherencia y el criterio. Pero en fin, cuando el suelo se mueve bajo nuestros pies caben dos posibilidades: Temblar o bailar.

 

El día trajo otra buena noticia, el poder trabajar mano a mano con el entrenador del Lucentum, Kuko Cruza en una tarea extra relacionada con el bloque de táctica en la que contaremos con el asesoramiento de Jenaro y en el que abordaremos en profundidad la zona 2-3 respondiendo a las propuestas que nos haga otro grupo. Precisamente acudía a este curso queriendo profundizar en las defensas y ataques zonales o de espacios, aquellos sobre los que me sentí más desbordado durante el año que entrené en la categoría autonómica junior. No puedo pedir mucho más.

 

Bueno, en realidad sí, seguir manteniendo esta ilusión y poder sacar el máximo jugo de las futuras experiencias. Sí, los exámenes están ahí, pero esto es como formar y competir. El objetivo es formarse y formar dejando que las victorias surjan como una consecuencia. Y sí, entre temblar y bailar, prefiero esto último. Suena “Strangers in the night” que es, al fin y al cabo, lo que parecemos los compañeros a estas horas de la madrugada. Adiós.  

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