¿Por qué los cupos son perjudiciales?


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No voy a meterme en hasta qué punto el querer jugadores nacionales tiene o no sentido ni si el quid del seguimiento de equipos es lugar de nacimiento o permanencia en la plantilla. Lo máximo que haré es apuntar que en Twitter leí a alguno indignado por el nombramiento de Tabak en lugar de un español para el banquillo del Baskonia o las celebraciones de algunos cuando los tres equipos entrenados por extranjeros cayeron en cuartos de final de la liga como si hubiera, respecto a los entrenadores, una gran preferencia en favor de los extranjeros por serlo y que esa actitud se produce cuando tenemos una liga en la que de dieciocho equipos, catorce son entrenados por un español y de veinte entrenadores que han pasado, quince son españoles; un setenta y cinco por ciento. Y no lo hago por las siguientes dos razones: mucho más que el problema de poca duración en cada plantilla, que sí puede contribuir, el mayor problema que hay de público viene del nulo esfuerzo para la promoción del baloncesto por parte de ACB y televisiones; si el conservar jugadores durante muchas temporadas o ser españoles favorece la afluencia de público a los pabellones, es un problema de los clubes, no de reglas. Si tener jugadores que lleven más de cinco años favorece la asistencia del público, que los equipos hagan contratos más largos o se esfuercen en las renovaciones, no que las reglas les obliguen a ello, si necesitan abaratar las entradas, que reduzcan ellos el precio, no que se les obligue a llevar su negocio como otros quieran, si tener españoles les da más público que lo vean ellos y los contraten ellos. 

Entiendo que si en una liga nacional se establecen cupos de jugadores locales se hará principalmente con la idea de asegurar experiencia de primer nivel a jugadores nacionales con el objetivo de tener buenos candidatos para la selección nacional, no una manera de imponer a los clubes cómo llevar su negocio o como una medida xenofóbica para evitar la llegada de cuantos extranjeros sea posible. 

Muchas cosas influyen en el desarrollo de un jugador, evidentemente: instalaciones, entrenadores, entorno, personalidad, etc. Los cupos son un factor más que hay que considerar. La clave está en la exigencia. Está claro que, salvo excepciones en ambos sentidos, las personas emplean un nivel de esfuerzo dependiente del nivel de exigencia ante el que se encuentren. La existencia o no de cupos cambia el nivel de exigencia, ya que eleva o disminuye el nivel de habilidad del peor jugador del máximo nivel. Ese nivel será distinto si los candidatos se extraen de una población limitada que si se extrae de una población más amplia. 

Si obligamos a jugar con un cupo de cinco españoles, se creará la situación en que los españoles competirán por noventa plazas (18 × 5) a disputar entre los españoles, sin cupos y sólo la limitación de dos extracomunitarios, competirán por ciento ochenta (18 × 10) plazas entre jugadores de todas las nacionalidades de la Unión Europea más las Cotonou. Obviamente, en el segundo caso, la población de aspirantes será mayor por un margen muchísimo más grande que el factor de dos en que aumentan las plazas disponibles. Indudablemente, los ciento ochenta mejores de toda Europa y Cotonou no van a ser todos españoles, ni tampoco los noventa mejores coincidirán en ser los españoles.  Eso significa que para estar entre esos ciento ochenta europeos y cotonou hay que ser mejor de lo necesario para estar entre los noventa españoles, o mejor dicho, hay que ser mejor para superar al peor de aquellos ciento ochenta que al peor de estos noventa.

Aumento de exigencia para alcanzar la ACB que tendrá por consecuencia el aumento del esfuerzo de los jugadores por mejorar su rendimiento y con ello un aumento real de la calidad de los jugadores españoles que lleguen. Habrá jugadores cuyo límite de calidad dé para llegar con cupos pero no sin cupos, pero eso queda compensado por la mayor calidad alcanzada por los que llegan. Y quien diga que él sí podría llegar, que lo demuestre con una nueva temporada en categoría inferior o que emigre, como habrá hecho el extranjero “que le ha quitado el puesto” y que consecuentemente “lo habrá dejado libre en su país”.

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El que no llega es porque no es suficientemente bueno, ¿o vamos a creernos que los entrenadores se perjudican conscientemente negándose a tener los mejores jugadores por tener jugadores basados en su nacionalidad? Se acordarán los lectores de los años noventa y seguramente anteriores, en que los americanos eran todos titulares y los que chupaban banquillo, algunos se sentirán tentados a decir “¿Ve como se da preferencia a los extranjeros?”. Pues eso es falso y es una consecuencia de la existencia de cupos con la que no se cuenta. ¿O teniendo límite a extranjeros van a malgastarlo en jugadores de calidad insuficiente? Que los españoles chuparan banquillo es una cuestión de confianza ligada a lo anterior y una consecuencia de los cupos. Lo que sucede con ellos es que hay más plazas que españoles que se consideran suficientemente buenos, el resultado final es que se fichan españoles por obligación, que no convicción, ¿qué confianza va a tener un entrenador en alguien que está en el banquillo para rellenar y que no le parece a la altura del mínimo que necesita? Pues claro, ninguna. Preferirá no sacarlo no vaya a arruinarle el partido. Y como hay tantos de relleno porque no hay suficiente calidad, entre otras razones porque el esfuerzo invertido es menor, los jugadores que llegan, a pocos minutos de juego que tengan, sienten que su puesto está garantizado y que ya han llegado a la ACB, su objetivo. Como resultado, no se mantiene la exigencia de seguir trabajando duro para mantener esa posición, no hay mejora y suerte habrá si no hay regresión. 

Sin cupos, el español que llegue será porque se le considera válido para el equipo y tendrá minutos. Y una vez en la ACB sabrá que ha de mantener su rendimiento si no quiere perder el puesto, pues se lo puede quitar cualquiera. Los que aún no han llegado tendrán más motivación por saber que si llegan jugarán y por la mayor exigencia del reto, en contraposición a los cupos que les harán más relajados entre la menor exigencia y la resignación a las pocas probabilidades percibidas de disfrutar de minutos. Y ahora háganse la siguiente pregunta: ¿queremos que la ACB tenga muchos españoles jugando o chupando banquillo? 

Vayamos ahora a las selecciones españolas y veamos los resultados de cupos y sin cupos. En los ochenta y noventa tuvimos una selección competitiva, frecuentes apariciones entre los cuatro mejores de Europa en los ochenta con una pequeña pausa en los noventa, sólo la plata de Los Ángeles coloca a la selección entre los cuatro mejores en una competición mundial. En los ’90 se producen varios fiascos sonados, como el Angolazo y el Chinazo. En los 2000 España aparece entre las cuatro mejores casi siempre, tanto en competiciones continentales como mundiales, faltando sólo en dos Olimpíadas y un mundial, las primeras en los años de consolidación de la nueva generación, que ha sido la mejor, con jugadores que han llegado a la NBA para quedarse e incluso han ganado anillos. No es casualidad que la generación de los mayores éxitos haya sido la que se ha formado sin cupos, teniendo que ganarse el puesto contra todos los jugadores de Europa, no sólo los españoles. Jugadores con una gran moral de trabajo, con fuerte autoexigencia (como Aíto dice de Pau), que siguen trabajando en mejorar aspectos de su juego hasta pasada la treintena (no hay más que ver a Reyes), que es reforzada por la exigencia inherente al sistema de ausencia de cupos. 

Sólo la ausencia de cupos no va a garantizar que la nueva generación de jugadores españoles mantenga el nivel alcanzado con la generación de Gasol, Navarro, Llull, Rudy y compañía; pero sí garantiza que a igualdad de lo demás, alcancen mejores cotas de las que alcanzarían con cupos. Con la incorporación de los cupos, la evolución natural será que no se note gran diferencia mientras permanezca activa la generación criada sin ellos; pero es cuestión de tiempo que las nuevas generaciones se relajen en la seguridad que les dará ser cupo y que se empiece a fichar españoles de relleno con la única misión de agitar toallas. Y entonces aumentarán los gemidos por la falta de oportunidades para los españoles, y se pedirá aumentar los cupos, sin saber que ellos son la causa de que esos españoles se marchiten en los banquillos en vez de ser obligados a trabajar duro con minutos en equipos inferiores que les ayuden a dar el salto de calidad necesario para ganarse los minutos en los equipos de primer nivel.

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