Baloncesto en 2015


Hace un par de años, en el blog que hice para baloncesto, ante la aparente desmemoria de muchos respecto a lo que era el “básquet-control” escribí esto. Escribiría lo mismo en este momento (salvo por el tono, al menos aquí, y mínimos detalles). El básquet-control murió hace muchos años. Me ha sorprendido que algún adalid del juego antidefensa, más que ultraofensivo, pareciera celebrar la vuelta de los cincos de dos metros pelados, como si los gigantes fueran la marca de aquel estilo, siendo en realidad el primer paso en la ruptura del básquet-control. Así pues, creo que es el momento de comentar brevemente mis percepciones respecto al baloncesto actual.

En los años recientes, la anotación en los partidos ha ido creciendo. Lo normal es ahora que cada equipo meta entre setenta y bastantes y ochenta y pico, más de lo último, con no raros partidos por encima de noventa y alguno en que se llega a cien, con pocos por debajo de los setenta. Compárese con los partidos a cincuenta con alguno en cuatenta y tantos y unos en sesenta y algo de hace veinte años. Como en todo, se trata de ciclos, en uno se trabaja en dar la superioridad a la defensa, en el siguiente al ataque, dando lugar con ello a ciclos defensivos y ofensivos en alternancia. No son ciclos que lleguen inmediatamente. Mi percecpción es que la zona es la clave del baloncesto en este siglo, tanto en la fase defensiva inicial como en la ofensiva presente.

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Empezó el siglo en el ciclo defensivo, en el que el foco del juego era negar la zona en la defensa. Acumular cuerpos en ella, negar espacio a pivotes y penetradores. Recordemos cómo, durante los primeros años de Gasol en la selección, el gran problema que impedía imponer su calidad y lograr éxitos era la congestión en la zona que le impedía usar su talento, ya que si en uno contra uno era espectacularmente superior a cualquier rival, se encontraba con un segundo defensor muy cerca que hacía su trabajo casi imposible. En una zona congestionada por defensores el pívot rival no puede botar, no puede regatear, no puede moverse y los pequeños no pueden entrar a penetrar. La selección de Imbroda, incapaz de poner el balón por dentro, limitándose a pases entre los tres exteriores más allá de la línea de tres.

La solución pasaba por el tiro exterior. No se podía lograr gran cosa con tipos atléticos y musculitos con muñecas de madera carcomida. Se necesitaba que, además de poder pegarse en la zona cuando fuera necesario, sean capaces de meterla desde lejos. Y se añade la necesidad de alejar a uno de los interiores de la zona para que el otro pueda jugarse un uno contra uno bajo el aro. Mi referencia, en esos años en que por cuestiones ajenas al baloncesto me desconecté, son Pete Mickael a nivel de clubs y Jorge Garbajosa en la selección, fundamental con sus triples para permitir a Pau tener esas situaciones de uno contra uno en que podía acabar con cualquier rival.

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El foco ha ido pasando de ser defensivo: tenemos que negar nuestra zona, ¿cómo lo hacemos? A ser ofensivo: tenemos que despejar la zona rival, ¿cómo lo hacemos? La respuesta ha sido llevar el foco del ataque al exterior. Más tiros lejanos, más juego de tres. La jugada de cuernos parece haber sido una de las herramientas más usadas con ese objetivo. El base frente a canasta, una línea de dos a los lados de la bombilla y dos en las esquinas, tratando de vaciar la zona. Parece haber funcionado y, en el esfuerzo por vaciar las zonas enemigas, las defensas parecen estar abriéndose. Fíjense en esas jugadas como las defensas al hombre suelen poner a cada jugador con un defensor encima, dejando la zona completamente vacía. Ante el balón en el centro y sin saber el lado débil, se olvida la antigua norma de que los defensores del lado débil deben tener un pie en la zona. Las zonas quedan muy vulnerables. Sólo me he dado cuenta de designar un lado como débil y hacer que un defensor de la esquina ponga un pie en la zona en cuatro equipos: el CSKA de Itoudis, el Gran Canaria de Aíto, el Efes de Ivkovic y el Fenerbahçe de Obradovic. Del resto, es sorprendente que no se vea mucho más cómo las zonas son destrozadas de manera constante. Las razones para ello son: no se abusa de los cuernos hasta el punto de que casi siempre la zona esté vacía, hay un foco aún muy elevado en favor del tiro triple o muy lejano y los movimientos usados no están tan depurados como podrían.

El resultado es un baloncesto de marcadores elevados, entre setenta altos y ochenta medianos, con no pocos partidos en que se superan los noventa puntos y algún que otro alcanzando la centena, que contrasta espectacularmente con los partidos a cincuenta puntos de hace veinte años. La proyección que veo es la de una defensa que intenta ser más eficiente negando esos tiros abiertos librados que dará lugar a la búsqueda de cumplir con las oportunidades ofrecidas por las zonas despobladas en una continuación de la evolución ofensiva del juego, hasta que vuelva la necesidad defensiva de negar la zona, llenarla de jugadores (la opción que utilizó el Olympiacos en la pasada Final Four con la que logró reducir el marcador de sus dos partidos a números de hace quince años) y vuelva la fase defensiva del baloncesto, que no será básquet-control a menos que venga acompañada de no hacer nada hasta el final de la posesión para dormir al rival y tratando de reducir la cantidad de posesiones al mínimo.

 

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