Explicándole a Audie

 

Han pasado cuatro días desde nuestra despedida. Se sucedieron los exámenes, el acto de clausura y una feliz tarde de domingo en Zaragoza acompañado por Dusko Zeravica, compañero de curso e hijo del mítico Ranko, oro olímpico en Moscú al frente de aquella genial Yugoslavia formada por Kicanovic, Cosic, Dalipagic y Delibasic entre otros. Juntos repasamos la final del Eurobasket de 1995 en la que Djordjevic se va hasta 40 puntos y en la que Sabonis y Divac mantienen una dura pugna entre sí y con los árbitros. Muchas gracias, Dusko, por tu hospitalidad y por el carro de historias y anécdotas que me traje para Salamanca y mucha suerte en tus próximas aventuras.

No nos engañaban cuando nos decían que del Curso de Entrenador Superior de Baloncesto uno se lleva fundamentalmente amigos. Amigos en un empleo tal vez “lato” de la palabra, vínculos en cualquier caso que se alimentaron del duro transitar por el curso y de las horas compartidas con el basket como telón de fondo. Es posible que nuestros destinos se crucen tarde o temprano en canchas de mayor o menor enjundia, ante gradas más o menos llenas y frente a cámaras de mejor o peor resolución. Sea como fuere ahí me tendréis para compartir mesa y mantel, o simplemente una barra, y revivir estos momentos.

Del curso me llevo numerosas lecciones. Algunas de baloncesto y para el baloncesto. Otras sobre la vida y para la vida, pero también para el baloncesto. Muchas buscadas y alguna, por suerte o desgracia, encontrada. Las recibo todas con la humildad que no siempre aparenté, dispuesto a saber ordenarlas y a pasarlas por el tamiz de mis principios y experiencias. Desde aquí agradecer a los miembros del claustro de profesores su esfuerzo. Para ellos también fue una experiencia vibrante y enloquecida de la que han salido, más aún teniendo en cuenta las circunstancias (más de 170 alumnos y menos de quince días) triunfantes.

En fin, toca cerrar por última vez las tapas de este diario. Llegó el momento de clausurar este banquete de palabras que surgió para alimentar curiosidades y que he tratado de aliñar con la ilusión de quien afronta una nueva aventura. A todos vosotros, lectores de esta humilde bitácora, agradeceros vuestro tiempo y el apoyo que me brindasteis por el simple hecho de saber que estabais ahí. Os regalo, por aquello de no perder la costumbre, las notas de “Begin the Beguine” de Cole Porter y es que, como cada vez que le ponemos fin a un episodio de nuestras vidas, toca volver a empezar.

MUCHAS GRACIAS Y HASTA SIEMPRE.

P.D. La foto es un “robado” de mi compañero Leandro en la que aparecemos Audie y yo preparando la tarea del examen práctico. Por suerte creo que nos fue bien.




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