foto CYL CES

 

 

Créanme, hay pocas combinaciones peores que dormir poco y tratar de descifrar la mensajería express de ese cerebro del baloncesto que es Mario Pesquera. Después de acostarnos a las tres y de levantarnos a las seis para asistir a una sesión de vídeo con Jenaro, querer comprender las claves de la match up y todas las conversiones de zona a individual, o viceversa, me pareció tan complicado como ser indio y sobrevivir en una película del oeste.

Entre nosotros los alumnos, y también entre los profesores, es recurrente citar el gran hermano orwelliano (bueno, creo que la mayoría piensa en el programa de televisión) para establecer un símil con lo que sucede entre las cuatro paredes de este hotel. A mí me gusta más bien pensar en El Señor de las Moscas, esa distopía presentada de manera magistral por William Golding en la que unos cuantos adolescentes deben autoorganizarse para sobrevivir en una isla desierta. Y si en un principio en esa isla que bien podría ser este hotel, todo eran asambleas y regímenes participativos al final se impone, como solución ante los conflictos de intereses, la tiranía.

La tiranía de la evaluación en este caso. Sobrevolando al acecho de su presa la calificación ha comenzado ya su vuelo en picado sobre todos nosotros. No les miento si les digo que jamás, en mi trayectoria académica, me fijé en los criterios de calificación ni pensé en agradar a un profesor tras realizar un psicoanálisis de su figura. Aquí, en cambio, me está resultando complicado dedicarme a escuchar y a aprender y no aborrecer el baloncesto por exceso de dosis. Hoy nos anunciaron los criterios de evaluación para el examen práctico, una lista tan extensa y exhaustiva que es mejor no leer. Se ensalza el valor del proceso y sin embargo se juzgan cualidades innatas o adquiridas a lo largo del tiempo de manera natural o espontánea. La burocratización y el interés por cuantificar hasta el menor movimiento de cejas de los alumnos se tornan insostenibles por momentos.

Entiendan mis palabras como los ecos de una jornada larga y difícil, los rescoldos de un edificio en llamas que se tambalea sobre sus debilitados cimientos esperando que acudan a rescatarlo. No habrá bomberos, ya lo sabemos. Contamos únicamente con nuestros deseos y esperanzas, con nuestro amor al baloncesto ahora algo oculto, al menos en mi caso, tras los biombos del método y la parafernalia. Esperemos que renazca tras esta noche porque lo que me espera, en tareas de edición y montaje de vídeo y preparación de exámenes en los que, por cierto, se nos exigirá pintar casi como delineantes, me apetece más bien poco.

Hay lugares que uno debe visitar al menos una vez en la vida y lugares de los que despegas deseando no volver jamás. Yo pensaba que esta experiencia sería de los primeras, pero la falta de sueño, el deterioro físico y el desgaste mental me están haciendo cambiar de idea. Espero que por pocas horas. Suena Summertime en la voz de Janis Joplin. Lo de V.I. del título lo pueden traducir como versión irónica. Hasta mañana.

P.D. La foto es de la delegación de la Federación de Castilla y León en el CES. Y sí, las mascotas del próximo mundial también asistieron a la charla de Mario Pesquera después de dormir sólo tres horas. Se les nota en la mirada.

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