SA SPURS 117 – OKC THUNDER 89. SOBREVIVIRÉ


 

Oklahoma City Thunder v San Antonio Spurs - Game Five

Se está haciendo difícil poder disfrutar de un partido igualado en el oeste. Los momentos de buen juego se suceden, pero nunca por parte de los dos equipos al mismo tiempo. No sé si existirá este tipo de estadística, pero me atrevería a afirmar que estamos asistiendo a la final de conferencia con más minutos de la basura de la historia de la NBA. Y parece increíble, dado que se trata de jugadores profesionales, atribuir el peso de la explicación únicamente al factor cancha, al hecho de jugar en uno u otro pabellón, frente al fuego amigo o enemigo de la afición. Más aún ahora, en los tiempos de la estandarización, cuando los aros, el parqué, el espacio entre la pista y la primera fila y hasta la presión atmosférica (no tomen esto al pie de la letra) están reglamentados para impedir viejas tretas de las que aún se cuentan innumerables anécdotas.

Es, sin duda, una cuestión mental. De nuevo, como ya decíamos hace días, la necesidad y las expectativas se imponen como elementos decisivos en el marco de una lucha por la supervivencia. Porque de sobrevivir se trata cuando saltas a una pista con más de noventa partidos a tus espaldas, golpes y pequeñas lesiones acumuladas y cuando el final se ve cada vez más cerca. El final, la final en este caso, se convierte en una obsesión casi enfermiza que a unos paraliza y a otros, en cambio, impulsa para no caer derrotados en las puertas.

Fueron los Spurs los que afrontaron el partido con un mayor sentido de la urgencia. Ellos saben que perder ante los Thunder supone no poder vengar la afrenta del año pasado ante los Heat y en ese banquillo, el de los tejanos, sobran el orgullo y el corazón. Lo abanderan los tres grandes pilares, autores los tres de un fantástico partido. Incapaz ya de fabricarse sus propios tiros, Duncan sumó y sumó tras rebote, en transición o tras asistencia de sus compañeros. Dominador del partido y mucho más inteligente que los rivales se mostró un Tony Parker que, conocedor de sus limitaciones físicas frente a un portento como Westbrook, evitó los contactos y echó mano de su técnica superior. Por último, que no menos importante, apareció Ginobili para ser, como si no hubiera pasado el tiempo, el puñal que necesitaban los Spurs para deshacerse del pánico que les produjo la vuelta de Ibaka.

Pero la diferencia entre ambos equipos no radicó solamente en la actuación del viejo Big Three, sino en la aportación de todos los miembros de la plantilla en una u otra labor. Diaw, como siempre, con su infinita clase, se asoció a la perfección con Duncan. Leonard y Green, por su parte, defendieron con intensidad y sumaron en ataque al tiempo que Mills anotaba con la pasmosa naturalidad con la que nos tiene acostumbrados. Esta actuación coral contrastaba con el juego anárquico de los Thunder, un equipo que lo construye todo desde el perímetro y que depende demasiado del acierto en el tiro exterior, quizá el menos controlable de todos los factores que influyen en el juego. Los de Oklahoma pagaron la soledad anotadora de Durant y Westbrook y ahora se aferran a un último empujón de su afición para intentar dar la sorpresa en el séptimo.

El cambio de dinámica volverá a ser testado el sábado en Oklahoma. La lógica matemática dice que toca victoria cómoda de los Thunder con actuación contundente de sus principales estrellas. Todo dependerá, al fin y al cabo del acierto y de la urgencia, del deseo de sobrevivir.

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