MIAMI HEAT 102 – INDIANA PACERS 90. LA FÓRMULA GANADORA


 

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Reconozco no haber seguido al detalle la acumulación de “affaires” amorosos que dieron al traste con la química ganadora que parecía instalada para siempre en el vestuario de los Pacers. No sé en qué cama ni en qué hotel se frustró el proyecto del “hoosier” más famoso de la historia, un Larry Bird al que no le debe de hacer ni pizca de gracia asistir en primera fila al hundimiento de una apuesta que, hasta hace pocos meses, parecía ganadora.

La pasada noche, en el American Airlines de Miami, los Pacers volvieron a mostrarse inferiores, impotentes ante la lubricada maquinaria de los Heat, una industria de guerra que si cuando ataca demole, casi literalmente, las líneas defensivas enemigas, cuando defiende simplemente ahoga a sus rivales gracias a la agresividad en la defensa sobre el balón y a la coordinación de sus rotaciones defensivas.

En los banquillos volvió a sorprender Spoelstra apostando por Rashard Lewis, un tipo que se consideraba a sí mismo un ex jugador hasta que el técnico filipino le convenció de que aún podía aportar en el campo profesional. Defensa y poco más, es cierto. Defensa, que ya es mucho. Que es lo imprescindible pues en el ataque ya encontrarán caminos hacia el aro o compañeros abiertos Lebron James y Dwayne Wade, jugadores de un nivel superior, jugadores con quienes no pueden osar compararse ni Lance Stephenson ni Paul George. Anoche pudimos disfrutar de la enésima actuación superlativa del chico de Ohio quien con 31 puntos sin apenas fallo sigue reclamando para sí mismo un lugar privilegiado entre las leyendas. Un lugar privilegiado y propio, alejado de toda posible comparación porque no sería justo, en ningún caso, comparar a los jugadores del pasado con el último peldaño de la evolución.

Pero si Lebron es único, permítanme que les reconozca que veo en las presiones toda la cancha, en la agresividad defensiva y en la determinación de estos Heat pedazos de la fórmula ganadora con la que triunfaron los Bulls en los 90. Puede que no se trate de un asunto de legados o herencias, pues la de Spoelstra en todo caso procede de Riley, sino de que todos los equipos ganadores comparten, y por eso precisamente ganan, señas de identidad que los hacen inconfundibles.

El éxito de los Heat reposa en la capacidad de adaptación que han tenido viejas estrellas de la liga para ajustarse a un rol secundario, aunque igualmente fundamental. El fracaso de los Pacers, en poner el ego y la hombría por encima de cualquier otro ideal. Si en uno o dos partidos se certifica el desenlace anunciado Larry Bird deberá tomar decisiones. Una, irse o quedarse. Dos, confiar en estos nombres y su capacidad de transformación o apostar por nuevos hombres, más adultos y curtidos y con menos espejos en casa. 

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