Acercándose al final se está perdiendo por más de una posesión


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Llegamos al final de mi serie de artículos sobre finales de partido con la situación en la que uno va perdiendo. A diferencia de las entregas anteriores, no trataré en esta ocasión de la última posesión de partido, sino de los minutos finales, ya que la situación en el caso de la última posesión en desventajas de cero a tres puntos, ya sea con o sin balón, es bastante clara en cada caso y la respuesta a la mayor parte de los aspectos más dudosos están implícitas en los artículos anteriores. Igualmente, creo que lo estarán también las referentes a la situación del equipo que va ganando en este artículo escrito pensando el que necesita remontar una diferencia límite. Porque de eso se trata, de que el equipo esté perdiendo por una diferencia de más de una posesión cuando aún quedan unas cuantas. 

En esta situación nos encontramos con uno de los comportamientos que más me enfurecen en el baloncesto, más aún que la flecha de alternancia de posesión. Si ésta me dan ganas de aporrear a quien se le ocurrió introducirla en el reglamento, el comportamiento que voy a describir realmente me da ganas de presentarme en el pabellón con una motosierra en cada mano. Se trata de ver que el equipo que está seis abajo con un minuto o más para el final, tiempo más que suficiente para trabajarse tiros de dos, se dedica a tirar triples nada más llegar aun con defensores encima. Con suerte y buena defensa llegan a los últimos quince segundos seis abajo, con lo que la única esperanza pasa por triple fulgurante, falta rápida, tiros libres fallados y triple fulgurante; pero en ese momento, se dedican a botar el balón, consumir tiempo y acabar buscando rápidamente, tal vez con alguna precipitación, una canasta fácil bajo el aro. Tiran sus opciones de remontada a base de triples desesperados nada más llegar cuando hay tiempo para trabajarse jugadas cómodas de dos; pero cuando es evidente que sólo triples desesperados nada más llegar pueden salvar el partido es cuando los abandonan y se dedican a buscar canastas de dos puntos… ¡tras dejar pasar los segundos!. Y no hablo sólo de partidos de fases de liga en que reducir la diferencia de puntos pueda ser más importante que evitar la derrota, que podría dar alguna justificación para eso; esto también se ve en partidos de eliminatorias en las que se trata de ganar o irse a casa. 

Vamos, pues, a intentar establecer una manera de saber cuándo los triples inmediatos son necesarios y cuándo es posible trabajarse canastas de dos, aunque deban ser rápidas. 

El principal problema por el que los equipos recurren prematuramente al triple precipitado es la ansiedad de los jugadores, que ven al rival a mucha distancia y poco tiempo en el reloj, lo que les induce a la sensación de que no hay tiempo, hay que ir ya de tres en tres. Es el problema que antes surge y más fácilmente, sucediendo con mucha frecuencia en situaciones en que es evidente que es innecesaria cualquier precipitación, tanto en terminar la jugada como en tirar de tres. Cuanto más pronto suceda significa que los jugadores más carecen de sangre fría; aunque puede ser más fácil convencerles de calmarse si esto sucede pronto con un tiempo muerto que debe ser pedido inmediatamente tras la primera muestra de precipitación, ya que tirarse triples precipitados por estar seis u ocho abajo con tres minutos para el final puede llevar a que el partido quede sentenciado antes de tiempo. Hay algunos partidos en que tras el tiempo muerto siguen con los triples innecesarios que me hacen pensar que hay otro gran problema: se confunde cuál es el criterio fundamental para decidir la necesidad del triple inmediato. Y ese error es el de contar número de posesiones hasta el final del partido, cuando lo que realmente ha de ser decisivo es el número de defensas.

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Si uno está perdiendo de seis puntos, por poner un ejemplo, salvo que no quede tiempo más que para una defensa, no se adelanta nada con tirar triples precipitados. Es más, se pierde; porque meter dos triples inmediatos es más difícil que meter tres canastas de dos un poco trabajadas, aunque sea rápidamente. Tiramos un triple ahora, luego tenemos que defender, metemos otro triple tras hacernos con el balón y aún tenemos que defender. A triples necesitamos mucha suerte para meterlos y parar al rival en dos defensas, la primera para poder empatar con el siguiente triple y la segunda para que no se vuelvan a adelantar y nos ganen. Con canastas de dos, tenemos posibilidades mucho mejores de conseguir las canastas y también hemos de parar al rival en dos defensas, la primera para que no mantengan la ventaja de seis y la segunda para poder empatarles con la tercera canasta de dos puntos, o ganarles con un triple que, por el hecho de estar trabajando la posición, sería aceptado si la posición es buena, lo cual lo hace mucho menos difícil de lograr que el precipitado con defensor encima. 

¿Cuánto tiempo debe quedar con cada punto/canasta de desventaja para que los triples sean necesarios? Esta respuesta requeriría un gran trabajo de revisión de partidos en esta situación, medida de tiempos de ataque, defensa, según equipos, decisiones de cada equipo, etc si queremos dar una respuesta con cifras concretas que fuera exacto. Y aun así, si quisiéramos dar una tabla de desventaja/tiempo en que se hace necesario el triple inmediato, no sería más que orientativa: los tiempos y diferencias podrían cambiar según el partido. Depende del grado de prioridad que el rival asigne a gastar tiempo y meter canasta y del grado de éxito de nuestra defensa. 

Se debe empezar por la observación del juego rival en las últimas posesiones, ya que antes de que el triple inmediato se haga imprescindible ya se ha de haber llegado a que el tiempo sea un factor importante, determinando cuál es el grado de importancia que el rival asigna a gastar tiempo y anotar. Dependiendo de tiempo y desventaja, podemos tener la sensación acuciante de que el tiempo se acaba; pero eso no significa que desde que empieza a ser así el rival va a aceptar consumir posesiones sin anotar. Ellos van a seguir queriendo anotar y pocos agotan toda la posesión desde el primer momento en que el tiempo empieza a ser importante, durante una buena parte del período desde que el tiempo empieza a importar, muchas veces más prolongada que la necesidad del triple, el rival buscará anotar por encima de consumir tiempo con el suficiente nivel de prioridad como para quedarse lejos de consumir sus posesiones. Ya con esto sería un error contar sus posesiones como veinticuatro segundos cada una.

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Y a continuación no sólo eso: hay que considerar que nuestra defensa ha de ser contada como un factor que recorta el tiempo de posesión del rival; no podemos plantear las cosas pensando que al rival le vamos a permitir gastar los veinticuatro segundos. Estamos en un momento difícil, la situación la consideramos crítica. No podemos limitar nuestras medidas extremas a tiros triples de mínima calidad con esperanza de sacar algo y luego permitir al rival dejar pasar el tiempo, no; una manera mejor de dirigir nuestra prisa pasa por una máxima presión defensiva. Nuestros jugadores deben presionar el balón en todo momento, haciendo dos contra uno siempre que sea posible, hacer que el jugador con el balón se sienta lo más incómodo posible con él, que le supere la necesidad de pasar el balón, que si su defensor no logra quitarle el balón sí le obligue a un pase que pueda ser malo y vaya directamente fuera o pueda ser interceptado. Porque esa presión sobre el balón debe hacer los pases más difíciles y eso ha de traducirse en que los demás defensores puedan tomar más riesgos a la hora de presionar más a sus pares y situarse para aumentar al máximo sus opciones de interceptar los pases, tomando más riesgos en el marcaje. Por ejemplo, defender a su hombre por delante y pegado, arriesgando un pase por encima, ya que la presión sobre el balón ha de hacer más difícil que el pase tenga la precisión requerida para que se haga con éxito. Si la defensa se hace muy bien, se puede reducir mucho el tiempo de ataque rival, pudiendo lograr que alguno de sus ataques acabe rápido, tras tan solo unos segundos, lo que significa que uno puede ganar tiempo para un ataque y una defensa más. 

También que el rival en estos casos no suele hacer defensas de presión a toda pista con dos contra uno, ya que eso sería un riesgo de dejarse a alguien solo cerca del aro, así que se puede subir el balón en un par de segundos y luego hacer una jugada de estilo a las de final de posesión. Así que se puede considerar que entre seis y ocho segundos son suficientes para trabajarse una canasta rápida. 

Si añadimos por un lado que el rival no agote sus posesiones a una buena defensa que acabe con sus ataques prematuramente, tenemos como resultado que hay mucho mayor margen para remontar partidos en los dos minutos finales de lo que parece y de lo que suelen considerar no sólo los jugadores dejados a su criterio, sino los propios entrenadores en muchos casos.

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El caso de los cuatro puntos de desventaja es especial, ya que en tal situación, la necesidad de precipitación sólo puede llegar en los últimos segundos, cuando quedan menos de veinticuatro, entonces se puede considerar el porcentaje desde los tiros libres de los jugadores rivales y si es aceptable una prórroga. Inicialmente, si se mete una canasta de dos y se va a hacer falta, se considera que las opciones de que metan los dos tiros libres no son malas, por eso meter una canasta de dos les da la posibilidad de meter ambos y ponerse a más de una posesión, con lo que el triple sería necesario para que, en el peor de los casos, otro triple dé acceso a la prórroga; sin embargo, si nuestro rival está muy mal en tiros libres, se hace razonable la apuesta de que no meta los dos y que si inmediatamente el triplista no está solo pueda buscarse rápidamente un tiro de dos, con la esperanza justificada de que tras los tiros libres sigamos a un tiro del rival para, por lo menos, forzar la prórroga. Además, si la falta se hace con más de seis segundos para el final, se tendría tiempo para trabajarse un triple o una canasta de dos si es suficiente, según hayan ido los tiros. 

Y seis puntos de desventaja son una defensa y dos ataques como con cuatro abajo, si son triples; hasta el medio minuto final no hay necesidad de triple inmediato, ya que antes de ello el ataque rival no puede consumir el partido y da tiempo para dos triples trabajados (y dije que seis segundos dan para tiro trabajado); uno podría incluso, si está dispuesto a arriesgar, buscar canasta de dos fácil para encontrarse en la situación de cuatro abajo tras una buena defensa. A partir de ahí, según ritmo de ataque rival y éxito defensivo propio, por cada tantos pares de puntos el momento del triple inmediato llegaría tantos segundos antes. Si su ataque es rápido y también la recuperación del balón, para remontar ocho puntos puede ser posible no acudir al triple inmediato y buscar canastas de dos, que obviamente sí deberían ser rápidas, con tan poco tiempo como cuarenta segundos; pero con otros que ralenticen mucho el juego y que soporten bien nuestra máxima presión defensiva puede hacerse necesario el triple rápido con cincuenta y seis segundos (dos defensas de casi 24s más tres ataques rápidos, de los cuales uno podría ser de dos para prórroga, asumiendo las defensas acaben bien, aunque no recorten el tiempo de ataque rival). 

Y es que en muchos partidos, por no considerar recortes en tiempos de posesión ganados entre que el rival no consuma sus posesiones y el éxito de una mayor presión defensiva, que es algo necesario para poder remontar, ya que el intercambio de canastas es la victoria del rival, es decir, por contar cada ataque rival como veinticuatro segundos y tal vez el propio como más lento de lo debido, el equipo que va por detrás se queda sin posibilidades de remontada antes del final del partido, llegando a veces a hacerlo con un par de minutos en el reloj de partido, por entregarse al triple inmediato y precipitado como si fuera su única opción cuando, en realidad, tiene tiempo más que de sobra para ponerse por delante con jugadas elaboradas para canastas de dos puntos. Esto no quiere decir que no se pueda tirar algún triple; pero que si se tira, debe estar justificado por una buena posición del tirador.

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