La Copa en el último sorbo


La Copa en el último sorbo

Aunque me den miedo las agujas siempre es conveniente hacerse algún análisis y valorar el resultado. Tras cuatro días de desenfreno copero pudimos observar como a los grandes presupuestos, casi siempre, es impensable encontrarles las cosquillas aún no haciéndonos gracia. Queda claro que con el bolsillo lleno puedes comer caviar casi todos los días, y si no lo tienes, hay que echarle fantasía al pan con pan o hacer que a falta de pan buenas sean las tortas (si te dejan).

Los dos grandes, Real Madrid y Barcelona, se pasearon hasta la final sin que se les moviese un pelo. Malo para una competición que quiera dar valor a ese término. La vida es así; nadie tiene la culpa de haber nacido en una familia con posibles. Así tras el pasodoble de las primeras jornadas, llegamos al último tango en la maravillosa Málaga de mi añorado Paco Rengel (gracias ACB por el homenaje).

La entrada en escena de la final, la marcó el dominio interior de un Barcelona que volvió a sacar los colores a los armarios blancos. Tomic (la montaña rusa) disfrutaba con sus movimientos de bailarina ante un Bourousis sobrepasado. El RM ya ha padecido en sus carnes el agravio de varios cincos sin ser capaz de cortar sus sangrías. Ahí Pablo Laso (jugar y ganar) tiene una hemorragia que debe subsanar para alcanzar las grandes metas de la temporada o se quedará en el casi. Volviendo a la primera parte del partido, el Barça, supo manejar los tiempos y llevar el partido a media cancha. Ahí Huertas, y los bloqueos y continuación centrales fueron una máquina de sumar dividiendo. Si añadimos el acierto puntual de Abrines (el olvidado) y el rebote culé, el resultado era para recomendarse a la Blanca Paloma. Pero tras el refrigerio apareció la versión más parecida al Madrid que conocemos. Draper con su culo pegado al suelo, alguna carrera de castigo (aleluya) y sobre todo Rudy (el omnipresente) por su infinita calidad, pusieron el marcador en un pañuelo aunque ya sin lágrimas. Chacho (Potter), como siempre, manejo el balón como nadie haciéndolo llegar dónde quería, aún sin tener al aro, ni a las pérdidas como amigas. Felipe (huevos duros) se pegaba marcando un territorio antes profanado, y Mirotic, como es habitual, se aprovechaba de casi todo lo que caía en sus manos. Los culés dueños del rebote ofensivo sin sacar todo el provecho, y enfadados con el tiro más libre del baloncesto. Si a ello le sumábamos el mal día que cualquier Dios del aro pueda tener, aunque sea Navarro, dio como resultado una ventaja capitalina de siete que olía a roto. Pero  las dádivas de los de Laso, y Oleson (el perfecto) pusieron la Copa mirando para las Ramblas cuando un par de minutos antes se la vio alternando por la Castellana. Un majestuoso pase, sacado de la chistera de Sergio (Tamariz),  puso a Llull (con dos huevos) al sol, después de haber estado toda la tarde a la sombra, y al trofeo en la vitrina merengue.

La Copa se la bebió el RM en el último sorbo tras un partido más emocionante que de borrachera de juego.

Escrito por Mikel Cuadra (@mikelcuadra)

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