Jugada final. Ganando de tres, balón del rival.


Estás en un final apretado. Tu equipo está tres puntos por delante y el rival tiene el balón. Queda menos de una posesión. El rival necesita un triple. ¿Se defiende o se hace falta personal?
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Imagen. ObradoiroBasketFoto

Hay que hacer falta: 

Se parte de la idea de que si la haces, tu rival sólo puede hacer dos puntos si mete los tiros libres y que eso no será suficiente; que está obligado a tirar el segundo a fallar y capturar el rebote de ataque, que no es fácil. Además, si falla el primero, tras el rebote de ataque tras el segundo fallo seguirá necesitando un triple. 

Hay que defender: 

Aquí la idea es que el triple es el tiro de peor porcentaje de acierto, por ser más difícil. Si confías en la capacidad de tus jugadores de pegarse a sus marcas tendrás claro que si consiguen levantar el triple lo harán con marcador encima y que eso será un tiro muy complicado. Y por regla general será como con la falta: en el peor de los casos, te envían a la prórroga. 

Evidentemente, ambas son opciones que pueden funcionar o fallar. Te pueden fallar el primer tiro libre o perder el rebote del segundo, te pueden fallar el triple, o bien te pueden coger el rebote tras meter el primer tiro y meterla de dos, forzando prórroga, en la que tal vez las circunstancias estén a favor de tu equipo o del rival o no tengan una clara inclinación. O pueden meterte el triple y ganar el partido en la prórroga. 

¿Cuáles son las razones de que mi preferencia sea muy fuerte a favor de la defensa? La razón principal es que en esta situación la defensa tiene la ventaja. Sabe qué necesita hacer el rival, con lo cual sabe quiénes son los jugadores que necesitan atención y qué zonas tiene que proteger. Sabe que el jugador X y el jugador Y del rival son pésimos tiradores desde largas distancias, así que sabe que sus defensores pueden abandonarlos para hacer cualquier ayuda o dos a uno que sea preciso. Sabe que si se van para adentro basta con no hacer falta, porque la canasta de dos no les va a valer. Puede tener a cada uno al hombre y el más cercano con par que no mete de lejos hacer un dos a uno contra el que tiene el balón para impedir que pueda pasarlo al tirador, hacérselo al tirador más probable para que no pueda recibir o al que reciba el balón para que no pueda tirar, cambiar en cada bloqueo, etc. El problema lo tiene el atacante, que no sólo tiene que meter un tiro muy lejano bajo presión, sino que no puede hacerlo con cualquiera y tiene que lograr que el balón llegue a su destino, siendo este conocido por el rival, y que el jugador pueda tener posición de tiro. Es una tarea muy difícil, si la defensa no se despista. 

El problema con hacer falta es que la defensa renuncia a tener esa ventaja. Deja la misión muy clara para el atacante: tiene un primer tiro muy cómodo, como es el tiro libre, y después el rebote en el que tanto defensa como ataque están en una situación igual, sin saber hacia dónde rebotará el balón. La defensa ha renunciado a la ventaja que disfruta defendiendo para a cambio encontrarse en una situación en que está prácticamente en igualdad con el rival, además en el caos de la lucha por el rebote no es ya tan fácil para los jugadores el reaccionar para marcar y poner al que coge el rebote las cosas difíciles y en ese momento puede hacer un pequeño movimiento para hacerse un poco de espacio. Tal vez el que coja el rebote lanzará con la defensa encima, pero entonces el mero hecho de encontrarse mucho más cerca del aro hace que el tiro sea menos difícil que el triple equivalente, además de que  es mucho más fácil que entre la tensión y la importancia del tiro, el defensor cometa falta y conceda al atacante dos tiros libres para empatar fáciles en comparación con el triple (aunque los árbitros en este momento serán más reacios de lo normal a pitar falta) o, con algo de mala pata, un dos más uno para ganar (aunque esto apenas pasa, con lo cual uno puede decir que es una probabilidad despreciable). 

Evidentemente, el grado en que considero que la opción de la defensa es superior depende del tiempo que quede para el final: 

Quedan 23-14 segundos: 

El tiempo que queda es muy amplio para que el rival considere factible ganar con falta rápida tras los tiros libres. 

En este caso, jugar a defender no supone tener una ventaja en la defensa, dependiendo al menos de quién sea el rival. Porque si el rival está dirigido por un entrenador muy audaz, puede optar por una jugada rápida de dos para luego buscar el robo o falta rápida a un mal tirador tuyo, con lo que las canastas de dos no pueden ignorarse hasta que se acerquen los últimos segundos. Probablemente se pueda ver si la intención del rival es o no esa, pero aunque la apariencia es que busca un triple cerca del final para ir a la prórroga no puedes dejar el interior de la zona sin la debida atención, porque si le dejas al enemigo verla totalmente desprotegida puede aceptar el desafío de meter ya de dos y probar fortuna con robo o falta personal, que suponen un riesgo real para la victoria. Aun así, si el rival quiere prórroga con triple final, basta con proteger la zona hasta que queden ocho segundos y, a partir de ahí, ya se sabe que al rival no le va a valer una canasta de dos. 

En estas circunstancias el hacer falta no va a llevar al rival a meter el primero y fallar el segundo. Se puede contar con que intentará meter ambos tiros libres para ponerse a un punto y probará con robo o falta y esperar que tu equipo falle al menos un tiro y le ponga las cosas más fáciles. 

Pero hacer falta en este período sería un gran error, ya que supone hacer parte del trabajo que el atacante desea: una oportunidad de anotar dos puntos de una de las maneras más fáciles, detener el reloj y comprar tiempo y posesiones.

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Quedan entre 8 y 13 segundos: 

Este es un tiempo en el que es más dudoso. Si se hace falta, todavía es lo más habitual que el rival intente meter los dos tiros libres, dejándole a uno aún por delante; si tras el saque se hace una buena circulación del balón se puede retrasar la falta del rival unos cuantos segundos, hasta que disponga de un tiempo muy limitado para organizar una última jugada que, si se meten los dos tiros libres, será una situación más complicada para el rival por disponer de menos tiempo. 

Si al hacer la falta falla el segundo tiro y nuestro equipo coge el rebote, el rival tendrá que hacer falta y eso nos dará la opción de, metiendo ambos tiros libres, colocarnos fuera del alcance de una canasta, sentenciando prácticamente el partido. 

Si falla el segundo y el rebote lo captura el rival, habrá que considerar la inteligencia de los jugadores rivales: si ceden a la tensión del momento, intentarán una canasta de dos inmediatamente, que dejará a nuestro equipo con el último ataque para ganar; si mantienen la cabeza fría pueden esperar unos segundos para plantear una jugada rápida, en la que un triple les da la victoria y una canasta de dos vale para forzar la prórroga; pero en la que la falta de tiempo y no haber dispuesto de un tiempo muerto juegan en su contra. 

En este período hacer falta nos da una opción de acabar sentenciando el partido, de reproducir la situación con menos tiempo para el final, de tener una posesión final para ganar o de que el rival nos meta un triple tras haberse puesto a dos con un tiro libre. Un triple que sería precipitado, sin una clara planificación en tiempo muerto, al igual que una jugada que agotase los últimos segundos; pero que no dejaría de ser una opción de ganar sin necesidad pasar por la prórroga. 

Quedan 7 segundos o menos: 

Llegados a este punto no caben dudas de que el rival va a intentar un triple y que nada más le vale. También sucede que si nuestro equipo coge el rebote tras el segundo tiro libre supone ganar el partido. En este período entra en juego el hecho definitivo de la ventaja que tiene la defensa respecto a conocer el objetivo del rival y quiénes son las amenazas reales, lo cual supone la capacidad de hacer del triple una tarea en principio mucho más difícil que coger un rebote y meter desde una distancia que será probablemente corta. Siempre tendrás el riesgo de que un jugador tuyo se te despiste en la defensa o de que el jugador rival tenga un momento de inspiración y sangre fría o de suerte y la enchufe, pero igualmente podrá suceder que el rebote le caiga al rival y la meta desde donde la coja. La cuestión es que, en principio, con los jugadores centrados y haciendo su trabajo como ha de esperarse, saber que sólo un triple vale al rival y quiénes pueden meterlo supone una ventaja importante para la defensa y que en caso de un rebote no existe tal ventaja (habría que ver si es posible que los jugadores practiquen tirar a fallar para que el rebote salga en una dirección, en cuyo caso se estaría dando al atacante, pero no creo que se llegue a ese punto). Además, en caso de que el rival capture el rebote, su decisión será indudablemente la del lanzamiento inmediato, sin defensa organizada que oponerse más que el que haya luchado por el rebote, con riesgo (mínimo) de nueva falta personal además de la canasta.

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Imagen. ObradoiroBasketFoto

Puesto que lo que necesita el rival es un triple, la zona de dos puntos se torna irrelevante desde el punto de vista de anotación. Seguirá siendo relevante cualquier movimiento que pueda estar encaminado a llevar aún tirador a una posición de tiro de tres. Los jugadores que no pueden meter triples pueden ser ignorados y sus pares pueden ser empleados en diferentes maneras para hacer la tarea del rival aún más difícil, ya sea haciendo dos contra uno al portador de balón, al tirador que reciba o al tirador que podría recibir el balón. Cometer falta como plan principal supone renunciar a esa superioridad manifiesta; por eso en mi opinión la falta personal no debería ser el primer plan. 

Hacer falta, sin embargo, no es algo que deba ser eliminado por completo como opción, sino que debería ser un recurso para casos determinados. Por ejemplo, trabajando con los jugadores el reconocimiento de situaciones en que se identifique tempranamente una posibilidad de que el rival logre situar a un tirador en posición cómoda,  como podría ser un bloqueo en que el defensor no va a poder seguir fácilmente al tirador y el grande es demasiado lento para seguirlo; también puede valer si el rival tiene demasiados jugadores con buena mano desde la línea de tres (cuatro o cinco) o si uno de ellos ha metido más de una con un defensor encima. Podría incluso ser comprensible como primera opción si el entrenador ha visto durante el partido una especial debilidad en la defensa de jugadas que acaban en lanzamiento triple o si ve a los jugadores demasiado nerviosos para centrarse en la defensa (un buen caso fue en el pasado europeo femenino, en que en una situación así el seleccionador preguntó a las jugadoras si se sentían con la suficiente confianza para defender, contestaron afirmativamente y se defendió; pero si hubieran dicho que no, Mondelo habría elegido la falta). 

Cierro con una cita de Pablo Martínez, que es el comentarista técnico de baloncesto al que más me gusta escuchar, durante el tiempo muerto pedido ante una situación así “Hoy hay cada vez más entrenadores que en esta situación prefieren defender el triple que hacer falta. Sí, porque las estadísticas demuestran que el porcentaje de partidos en que el equipo que ataca logra alcanzar la prórroga es mayor cuando se hace falta que cuando se defiende”.

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