¿Adiós al canon?


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Adelantaba ayer el diario El Norte de Castilla que la Comisión Nacional de la Competencia ha fallado contra el actual canon que obliga a los equipos procedentes de la LEB Oro a depositar una suma cercana a los 4 millones de euros si quieren obtener plaza en la Liga Endesa.

De esta forma, pese a que la ACB dispone ahora de un plazo de dos semanas para presentar alegaciones, al ser vinculantes los dictámenes de la Comisión de Competencia, el canon quedaría anulado y se pondría fin a este sistema que impide que nuevos equipos entren en la primera división de nuestro baloncesto y, de paso, evita que los que ya están en esa primera división acaben bajando a segunda, que es de lo que a fin de cuentas se trata la cosa, que los que tienen su poltrona no la pierdan (¿les suena? Estamos en España…)

Esta resolucion de la Comisión de la Competencia viene tras la denuncia presentada en el pasado otoño por el CB Tizona, club al que la ACB negó el ascenso por tres veces consecutivas, como hemos contado varias veces desde estas páginas. Amparándose en defectos de forma o excusas similares la ACB se las apañó por tres veces para cercenar las ilusiones del club, que acabó llevando el caso ante Competencia, qie le ha terminado dando la razón.

El canon lleva vigente en la ACB ya muchos años y es en los últimos, cuando la crisis ha golpeado duro, cuando ha cobrado especial importancia, puesto que únicamente el Andorra ha sido capaz de reunir el dinero suficiente para hacer efectivo un ascenso que se había ganado en la cancha. Eso sí, lo consiguió a base de dinero público, procedente del Estado andorrano, puesto que para un equipo modesto reunir esos 4 millones de euros más otro millón y medio que se exige en concepto de fondo de garantías salariales, más el incremento de presupuesto que exige mejorar su plantilla resulta inalcanzable solo mediante la iniciativa privada.

Así, en los últimos años hemos visto desangrarse al Burgos, al que se le ha negado el ascenso por tres temporadas consecutivas hasta propiciar su desaparición como club profesional de baloncesto. Hemos visto cómo el Iberostar Tenerife sólo conseguía ascender tras comprar su plaza al Lucentum Alicante y aprovecharse así del canon que previamente había pagado el conjunto alicantino. Hemos visto al Ourense acudir a los tribunales para defender su derecho al ascenso y obtener el compromiso por parte de la ACB de asegurarle una plaza de ascenso al fin de esta temporada, sin importar en qué posición acabe el conjunto gallego la LEB Oro.

Hemos visto al Estudiantes, al desaparecido Valladolid, al Manresa, al Fuenlabrada o al Guipuzcoa librarse del descenso porque el canon actuaba de colchón frente a los ascensos de los equipos que debían reemplazarles. Hemos visto la injusticia que supone gobernar el deporte desde el despacho y no desde la cancha.

Lo que sí que no hemos visto por ninguna parte es a dónde va el dinero de los cánones, porque desde luego destinado a mejorar el baloncesto profesional en España no ha acabado.

Y ahora, con la muerte del canon, viene el gran problema para la ACB: el Ourense tiene plaza asegurada, lo que garantiza un ascenso y un descenso (a día de hoy, el del RetaBet Guipuzcoa), pero sin canon debe haber otros dos ascensos obligatorios, el del Palencia, campeón de la LEB, más el del equipo que se acabe llevando el actual playoff de ascenso. Eso haría que otros dos equipos de la ACB perdieran la categoría (ahora mismo, Estudiantes y Obradoiro). A su vez, si el Burgos reclamara y pudiera recuperar su estructura profesional, tendría muchas papeletas para obtener también una plaza. Es decir: cuatro ascensos y ¿cuatro descensos?

Y aquí viene la segunda parte: los estatutos de la ACB establecen que cada temporada se producirá el descenso de los dos últimos clasificados en la liga. Sólo dos. Aunque si dos es igual a cero, también puede ser que dos sea igual a cuatro o que el año que viene tengamos una liga de 20 equipos. O vaya usted a saber qué.

20 equipos justo el mismo año en que la Euroliga duplica el número de partidos de su competición y que hará que Real Madrid, FC Barcelona y Laboral Kutxa jueguen tantos partidos como los equipos NBA. Todo muy bien…

Si la noticia se confirma y el canon muere, estaremos ante el fin de una injusticia y por fin primarán los méritos deportivos frente a los económicos en nuestro baloncesto. Si esto es así, no estaría mal que de paso alguien en la ACB asumiera algún tipo de responsabilidad por los perjuicios causados continuamente a nuestro baloncesto (sí, ya sé, ahora es cuando el regidor levanta el cartel de RISAS).

 



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