Mike D’Antoni. Glory days


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Uno de los entrenadores de los que más se ha hablado (para mal) en las últimas temporadas en la NBA ha sido Mike D’Antoni. Su paso por los Lakers, que se prolongó durante cerca de dos temporadas, fue nefasto, con un equipo que no se sabía muy bien a qué jugaba y que además se vio asolado por las lesiones. Sin embargo, lo que tal vez no sepa el lector, o simplemente no recuerde, es que Mike D’Antoni fue una gran figura en Europa durante la década de los 80, como prueba el hecho de que hoy será retirado su número por el Olimpia Milano, club donde se convirtió en una de las grandes estrellas del baloncesto europeo.

Nacido en 1951 en Mullens, West Virginia, Michael Andrew D’Antoni se formó en la Universidad de Marshall, siendo elegido en el puesto vigésimo del draft de 1973 (segunda ronda) por los Kansas City-Omaha Kings, para los que jugaría 3 temporadas sin llegar a hacerse un hueco en la liga. De allí pasaría durante una temporada a la ABA, siendo fichado por los Spirits of Saint Louis, retornando en 1976 a la NBA para jugar con los San Antonio Spurs, donde tampoco triunfó.

Aprovechando su doble nacionalidad italo-estadounidense, y, en vista de que en su país de origen no conseguía hacerse un nombre en la NBA, Mike D’Antoni decidió probar en el país de su padre y así en la temporada 1978-1979 fichaba por el Olimpia Milano, que también había fichado ese año como entrenador a un técnico que es una leyenda en Europa, Dan Peterson.

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Mike D’Antoni defendiendo a Nikos Gallos.

Procedente de la Virtus de Bolonia, con la que había ganado la Copa de Italia en 1974 y la Liga italiana en 1976, Peterson armaría un magnífico equipo en Milán alrededor inicialmente de Mike D’Antoni, al que convertiría en una de las grandes figuras del baloncesto europeo durante la década de los ochenta.

La idea de baloncesto de Peterson era simple: aprovechar la velocidad de D’Antoni para subir el balón y que todo el equipo jugase a la mayor velocidad posible, incluyendo a los pívots. Sacar el mayor partido al tiro exterior y correr. Esto simplemente es lo que hoy se conoce como run & gun y se supone que es a lo que intentaron jugar, por ejemplo, los Lakers de D’Antony, con el poco éxito que todos conocemos.

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En Italia, D’Antoni pronto empezó a destacar, aunque los éxitos tardarían aún unos años en llegar, pero con la llegada de otra leyenda al equipo milanés, el Olimpia se convirtió en un equipo temible. En 1981 el Olimpia Milano se hacía con los servicios del seguramente mejor jugador italiano de la historia del baloncesto, Dino Meneghin; jugador durísimo y de gran calidad, que pese a sus escasos 2 metros y 4 centímetros, dominaba la pintura en las canchas europeas. Meneghin procedía de uno de los equipos más míticos del baloncesto europeo, el Ignis Varese, que había dominado con puño de hierro la competición europea en la década de los setenta, disputando consecutivamente las 10 finales de esa década, ganando cinco y perdiendo otras cinco.

La sociedad que formó Meneghin con D’Antoni supondría que el equipo milanés automáticamente se convirtiera en un equipo ganador. Jugando a la carrera bajo la batuta de D’Antoni, el Olimpia Milano se haría con el título de liga en 1982, el primero desde 1972. Un año después alzarían la Copa Korac, éxito que repetirían en 1985, año en que también ganaban la liga.

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En 1986 aterriza en Milán una gran estrella de la NBA; nada más y nada menos que Bob McAdoo, 5 veces All Star, MVP de la liga en 1975 y dos veces campeón con los Lakers (en 1982 y 1985). Y McAdoo fue la guinda que le faltaba al Olimpia Milano, ganando en esa primera temporada la Copa y la Liga italiana. Y por fin 1987 sería el gran año del equipo milanés y de la carrera de D’Antoni: el equipo ganó sucesivamente la Copa de Italia, la liga italiana, la Copa de Europa y la Copa Intercontinental. Formaban aquel equipo Mike D’Antoni, Bob McAdoo, Dino Meneghin, Ken Barlow, Roberto Premier, Riccardo Pittis, Vittorio Gallinari (padre de Danilo, el escolta de los Nuggets), Fausto Bargna, Franco Boselli, Governa, Guardascione y Ambrassa.

Tras esta temporada, Dan Peterson se retiraría de los banquillos, pero eso no sería el final de los éxitos para D’Antoni, que repetiría título europeo con el Milán al año siguiente, venciendo, en la primera final que se disputó bajo el formato de Final Four, al Maccabi Tel-Aviv, el mismo rival al que ya habían derrotado un año antes.

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En 1989, D’Antoni ganaría una liga italiana más antes de retirarse al final de la campaña 1989-1990, con 39 años de edad. Atrás quedaba una carrera en Italia de 13 años durante los cuales llevaría al Olimpia Milano a lo más alto del baloncesto europeo, conquistando 5 ligas italianas, 2 Copas de Italia, 1 Copa Korac, 1 Copa Intercontinental y 2 Copas de Europa y del que todavía hoy es el máximo anotador de la historia del equipo.

Posteriormente, D’Antoni iniciaría su carrera como entrenador en Italia. Entre 1990 y 1994 se haría cargo del banquillo del Olimpia Milano, con el que alcanzaría la Final Four de la Euroliga en 1992 y ganaría la Copa Korac en 1993. Terminada la temporada 1993-1994, Mike D’Antoni ficharía por otro histórico del baloncesto europeo, el Pallacanestro Treviso, donde viviría dos etapas como entrenador, la primera entre 1994 y 1997, conquistando la Copa Saporta de 1995, la Copa italiana ese mismo año, y la Liga de Italia en 1997.

Acabada la temporada 1996-1997, D’Antoni iniciaría su primera aventura en la NBA, primero dentro del staff técnico de los Nuggets durante un año y después como entrenador principal de esos mismos Nuggets y posteriormente como scout de los Spurs y entrenador asistente en los Blazers durante la temporada 2000-01.

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Tras su primera experiencia en la NBA, que resultó bastante decepcionante, D’Antoni volvió a Treviso, para dirigir al equipo una temporada más, la 2001-2002, en la que se alzaría con el título de liga. Al termino de esta campaña, D’Antoni emigraría definitivamente a la NBA, fichando por los Suns, donde viviría sus, de momento, mejores años como entrenador en esta competición, siendo incluso nombrado entrenador del año en 2005 y donde introduciría el run & gun con el que se ha hecho famoso como el estilo de juego de sus equipos. Sin duda, este estilo de juego que adoptó D’Antoni para sus equipos le debe mucho a aquellos años en Milán a las órdenes de Dan Peterson.

En 2008, en reconocimiento a su brillante hoja de servicios en Europa, la Euroliga le nombró uno de los 50 mayores contribuidores a la Euroliga, algo así como el Basketball Hall of Fame de la competición europea. Lo fue por su etapa como jugador en el Olimpia Milano.

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Tras su salida de los Suns en ese mismo año de 2008, D’Antoni no ha vuelto a obtener los éxitos del pasado, pasando después con más pena que gloria por los Knicks (¿y quién no pasa con más pena que gloria por los Knicks?) antes de aterrizar a poco de comenzar la temporada 12/13 en unos Lakers que en teoría optaban a ganar un nuevo anillo pero que a poco de empezar la pretemporada empezaron a mostrar signos alarmantes de una mala confección de la plantilla para finalmente sufrir hasta el último partido para entrar en los playoffs por el título. Playoffs en los que no contaron con Kobe Bryant, que sufrió la primera de la larga lista de lesiones que arrastra desde 2013 y en los que la eliminación por la vía rápida ante San Antonio resumió a la perfección una triste temporada.

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Soprendentemente, tras la mala campaña de los angelinos y con la afición pidiendo casi unánimemente su destitución, a D’Antoni se le concedió una temporada más en el banquillo de los Lakers. Temporada que resultó desastrosa (aunque si se compara con la temporada actual del equipo todavía sale ganando D’Antoni, así están las cosas por El Segundo…), de nuevo con una plaga de lesiones, de nuevo con Kobe fuera de juego antes de tiempo y culminada con la no clasificación para los playoffs por primera vez desde 2005. Eso supuso, esta vez sí, su salida del conjunto californiano y su sustitución por Byron Scott.

Esta es la historia de la carrera de Mike D’Antoni, cuyo nombre empieza a sonar para volver al banquillo de los Nuggets al comienzo de la temporada que viene. Una carrera que se puede dividir en dos partes: una mala, la última, como entrenador en laNBA, pero otra muy brillante, la primera, como jugador y entrenador en Europa.

Por esa primera parte de su carrera, el número 8 que lució durante sus 13 temporadas como jugador en Milán colgará en adelante del techo del Mediolanum Forum. Los que le vimos jugar sabemos que este homenaje es merecido.

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