INDIANA PACERS 93 – MIAMI HEAT 90. LA FUNCIÓN DEBE CONTINUAR.


 

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Esterpento”. Seguro que Valle-Inclán habría aceptado la incorporación de este vocablo al diccionario si hubiera podido asistir a la primera parte del quinto encuentro entre los Pacers y los Heat, veinticuatro minutos de equivocaciones, desbarajustes y de balones sueltos que parecían colgar de un hilo manejado por un titiritero. Se encargó, además, Lebron, de empobrecer el espectáculo cargándose con faltas a cada cual más absurda, debilitando a su equipo como nunca lo había hecho en el pasado. Pero en fin, todo era posible en ese reino de la confusión en que degeneró el partido, en esa reproducción de lo que ha venido sucediendo toda la temporada de este lado de los Estados Unidos, en este infierno yermo de talento en que se ha convertido el territorio original de la primera democracia del mundo.

Curiosamente, gracias a la actuación de secundarios como Ray Allen o Rashard Lewis y principalmente en virtud de una dinámica defensiva que ahogaba las opciones de los Pacers, Miami Heat se fue al descanso con una ventaja que anunciaba un potencial desenlace de la eliminatoria. Y el tercer cuarto no empezó mejor, aunque se repitiera el patrón y Lebron se autoenviase al banquillo con dos faltas consecutivas, la segunda harto dudosa, pero comprensible en un momento en el que los mejores jugadores de los Pacers vestían de gris y respondían al nombre de Malloy, Mauer y Washington.

Tras el protagonismo del trío arbitral emergió la figura de Lance Stephenson. No precisamente por sus méritos sobre el parqué, sino por su dominio del escenario. Este chico salido de los parques de Nueva York debió de visitar asiduamente durante su infancia las salas de Broadway porque además de sus “floppings” desvergonzados hace gala de una notable estupidez. Y no creo que sea ésta una cualidad natural, sino sólo un rasgo figurado, sobreactuado tal vez, con el fin de animar a su tropa y de poner nerviosos a los rivales.

Eso sí, se equivoca Stephenson si en el fondo de su ser alberga la creencia de que fue él el factor determinante para que el partido acabara con victoria de los Pacers. No, fueron los 21 puntos de George en el último cuarto los que, sumados al dominio del rebote de Hibbert y las aportaciones puntuales, y siempre repletas de clase, de West, decantaron la balanza. Fueron, sensu contrario, las pobres “performances”, y seguimos con el teatro, de James y Wade las que nos conceden un sexto partido en el sur de la península de la Florida. Bueno, todo esto y un fallo en un triple liberado de Bosh que podría haber puesto punto y final a un año muy negro para el baloncesto en el este. Pero en fin, ya hablaremos de la necesaria llegada de talento a la conferencia cuando el viernes, o el domingo, se proclame un campeón. 

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