Huelga de aros caídos


Huelga de aros caídos

Cualquier bien nacido no desea el mal de nadie y mucho menos cuando el daño afecta a un deporte que adoras y a una ciudad que quieres. Dicho esto, es conveniente dejar claro que cuando vives por encima de tus posibilidades lo lógico es que llegue un momento en el que no tengas ni para comprar el pan. Soy más partidario, en la vida, de dar pasos sobre tierra firme que transitar por un alambre haciendo equilibrios y sin red a 200 metros de altura. Querer correr una carrera de fondo como si fuesen los cien metros, acaba consiguiendo que te retires antes de llegar a la meta. 

Admito que el que se hace con un club jugándose su patrimonio, tiene un gran mérito y debe hacer callar a los que no tuvieron el arrojo de dar un paso adelante en su momento. Pero eso no exime de los errores que se hayan podido cometer. Ser el máximo accionista no debe significar actuar con prepotencia, sin oído, humanidad y humildad. El inteligente sabe que es conveniente codearse con los que más saben y aportan sin rubor, ni miedo, y jamás con aquellos que ponen alfombras rojas sin ponerse colorados mientras babean las gracias aún sin hacerles ninguna. Ser mandamás de un deporte con historia en tu ciudad, no es convertirlo en un corralito familiar donde crees que el mundo gira a tu alrededor mientras te va dando la espalda sin que no quieras verlo. Los echados para adelante, en demasiadas ocasiones, reciben una cura de humidad  pero cuando el cadáver está ya de cuerpo presente. 

Admiro a los valientes, siempre lo he hecho, cuando están dispuestos a perder por algo en lo que creen; no a los de fachada que cuando las ven venir tratan de salvar sus muebles a costa del dinero de todos. Una empresa al uso puedes liquidarla, cerrarla y a otra cosa; la deportiva arrastra una imagen de ciudad, un espejo donde muchos se miran y por eso es más fácil tratarla de utilizar como moneda de cambio antes de que acabe en el vertedero. Socializar las deudas, y por contra amasar los beneficios a tu nombre y apellidos, es un ejercicio común del empresario con minúsculas. Entiendo que asumir errores y abandonar el camino con dignidad no está al alcance de cualquiera. Muchos de los que dicen amar unos colores llegado el momento demuestran que tan sólo se amaban a sí mismos.  Por el bien del baloncesto vizcaíno, se debe buscar una solución consensuada donde ganen los aros futuros y se aparten los egos presentes. Tirar por la calle de en medio, en todos los casos, suele conducir a callejones sin salida.  

Bilbao tiene todo, una gran afición, historia y baloncesto corriendo por muchas venas, por eso confío en que aparecerá gente capacitada que no dejará que los aros de élite tomen el camino a Derio. Ese sería el peor de los males para un deporte que en los últimos tiempos está sufriendo demasiados tsunamis. La huelga de aros caídos de la plantilla del BB, pone en evidencia una grave situación en la que cada vez menos están para tirar la primera piedra. Que un equipo que iba para grande se pueda quedar viviendo del recuerdo, lleva a pensar que los maravillosos sueños pueden convertirse en la peor de las pesadillas. 

Bilbao no debe tirar, otra vez, a la ría su historia entre canastas, porque volver a resucitar al difunto puede que no esté al alcance ni para uno del mismo centro del Bocho.

Escrito por Mikel Cuadra (@mikelcuadra)

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