Contraataques y tiros lejanos


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Esta vez os traigo mis reflexiones sobre la mitad más evidente de algo que dijo Pablo Martínez en un partido de Euroliga: “si se juega tirando mucho de tres, el juego queda desestructurado y los contraataques rivales son más fáciles”. Probablemente – no lo aseguro – habrá otro artículo sobre la parte de la falta de estructura; hoy hablaré de la facilidad pata los contraataques rivales.

Podríamos decir que el contraataque comienza cuando sale el balón de la mano del tirador. Es el momento en que empiezan las primeras maniobras para realizarlo o tratar de detenerlo. Los jugadores se hacen una idea de en qué zonas puede caer el rebote, los que están en ellas comienzan la lucha por la posición para el rebote (la presencia de compañeros en ellas es ya algo que ha debido ser considerado por el tirador), los que ven que no se les va a acercar piensan en empezar a correr, unos para hacer de palomeros y recibir un pase largo (el balón se mueve mucho más rápido con pases que corriendo con él), otros para poder cerrarle el paso e impedir que el pase pueda llegar a su destino.

Dicen todos los comentaristas técnicos de la televisión que los contraataques se frenan mejor luchando por el rebote. El razonamiento es claro. Si se lucha por el rebote, quien lo coja va a tener a alguien encima que va a impedir que bote o mueva el balón con total despreocupación y amenaza con cortar las líneas de pase. Eso le obliga a ser más cuidadoso, proteger el balón y necesitar más tiempo para encontrar el pase que pueda comenzar un contraataque. Eso es tiempo perdido para él, tiempo ganado para que el equipo de uno haga el balance defensivo y anule cualquier superioridad numérica. Además se le puede obligar a dar un primer pase corto para que otro jugador en mejor posición pueda dar el pase largo al palomero, que es más tiempo perdido.

Alguno tal vez recordéis un ejemplo en que parece que se renunciaba al rebote de ataque: el Joventut de Lolo Sainz. Pero no era una renuncia absoluta a recogerlo, sino más bien se trataba de no hacerlo parte importante del juego de su equipo. Lo que recuerdo de esos años en que empecé a dedicarle un interés más constante al baloncesto, es un equipo en el que cuando el tirador se levantaba del suelo, todos corrían inmediatamente a la defensa. Menos el cinco, salvo que tirase él de fuera, en cuyo caso le sustituía el hombre más cercano al aro. Pero ese jugador, el cinco o el cercano sí luchaban por el rebote y en ello imponía al primer pase el retraso necesario para eliminar cualquier posible esperanza de que sus compañeros hubieran dejado a alguien con el camino a la canasta libre. Es decir, incluso en ese juego de dar prioridad absoluta a impedir el contraataque rival sobre la captura de los rebotes de ataque se recurría a que alguien se quedara a luchar por él. Se impedían los contraataques y algún que otro rebote se llevaban (al menos así es como lo recuerdo).

La efectividad de la presión que puede realizarse sobre el reboteador depende de la zona de la pista donde se encuentre. Los límites del campo son también límites para el movimiento y las líneas de pase del jugador con balón. Cuanto más cerca se encuentre de una línea exterior, menor será la movilidad que tendrá a su disposición para crearse espacio y menos los flancos donde podrán situarse compañeros de equipo para recibir un primer pase intermedio. Un jugador que coja el rebote a medio metro de la línea de fondo no podrá retroceder para alejarse del rival y ampliar el ángulo de pase adelante, no podrá pasar a nadie que esté por detrás, por tanto el jugador que le presione tras el rebote podrá acercarse más y podrá cubrir más líneas de pase. El reboteador tendrá casi seguro que renunciar al pase largo y tendrá que buscar uno corto de alguien que tendrá que ofrecerse; de no hacerlo hasta podría perder el balón. Si se encuentra en una esquina y es la línea de fondo y una banda lo que tiene muy cerca, ya definitivamente no podrá pensar en contraatacar. Si el reboteador se encuentra alejado de bandas y línea de fondo, tendrá amplio espacio para retroceder y desplazarse lateralmente alejándose de quien le presiona, situarse donde vea mejor los posibles palomeros y abrirse ángulos para el pase elegido.

El balón se mueve más rápido con pases que corriendo con él, cualquier paso con el balón en las manos, pases intermedios, dudas en la elección de la opción, la necesidad de considerar y buscar, suponen todos retrasos en el contraataque, lo que es igual a mayor tiempo para que el equipo que hasta entonces había atacado se repliegue en su zona defensiva y haga imposible la culminación del contraataque.

La mayor facilidad de los contraataques tras triples es un resultado obvio de ello, ya que los rebotes serán con frecuencia más largos que los de tiros cercanos y podrán ser cogidos lejos de los límites de la pista. Además, en los cortos el límite relevante será el de la línea de fondo, por lo que el movimiento al que se limite tendrá que ser lateral. En los largos, si se acerca a una línea, lo más probable es que se trate de una banda, en cuyo caso se abre la posibilidad de que el reboteador pueda comenzar la carrera hacia el campo contrario entre banda y rival, evitando perder tiempo en el comienzo, más allá del leve retraso del movimiento con balón sobre el del balón en pase, que es insuficiente para dar a la defensa el tiempo que necesita. Y si el rival le cierra el paso hacia delante, se abre a un lado un amplio arco de posibles pases, con buenas opciones para avanzar el balón hacia el centro de la pista.

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