Pasar de los 90… Los aros tocarán palmas


Pasar de los 90… Los aros tocarán palmas

No puede ser que tantos amantes de nuestro deporte estemos desencantados con lo que vemos o mejor dicho con lo que hemos dejado de ver. Un juego de listos se va embruteciendo a marchas forzadas  por mor del resultado y el aumento de la mole que casi no deja espacio a lo que realmente mola. Las malas artes, no dejan sitio a los artistas y los cuadros que se ven por las canchas cada vez se llenan más de garabatos.

Desde las tiernas infancias, se prioriza al gorilón antes que al pavo real sin  haber llegado tan siquiera a la edad del pavo. El mate, correr desconsoladamente, penetrar sin razón, ‘triplear’ como locos y tener músculos que otros no tienen, se antepone a la inteligencia, la clase y  la calidad. Pocos juegan a jugar, a leer; la mayoría lo hace a ganar aunque no sepan ni como ha sido. ¡Vamos!, ¡Vamos!, llenos de sudores que en el futuro se quedarán fríos.

Ya creciditos observamos bases obsesionados con los banquillos, aleros más pendientes de arruinar al otro que de generar riqueza (¡Vamos!) o pívots que solo esperan que se las doblen, porque son incapaces de que a ellos se les encienda ninguna bombilla en los aledaños de la misma.

El jugador católico, en hora de comunión, está logrando que al loco divertido y ateo sistemático le pongan la camisa de fuerza, y lo encierren en la casa de locos de  los setenta puntos de cada fin de semana. Este juego no puede tener como amigo al que vive del baloncesto como podría haber vivido recolectando sandías en el huerto de sus tíos, y de enemigo al que sabe jugar y tramposamente no le dejan entre empujones y hostias.

Así le va a una liga metida en la cama, plagada de apagones televisivos y dónde mientras no se prime al artista y al meter, seguirá viviendo en el chiringuito de los mediocres (¡Vamos!) y el limbo del gimnasio. La pena es que cualquier buen resultado enmascara al más lamentable de los espectáculos; la pedorra puede convertirse en vedette, con el público pidiendo que salga a saludar, si llevas una copa de más.

A los que nos gusta el baloncesto no nos engañáis. Los protagonistas deben ser los de corto entretenidos, y el foco estar entre aros y no entre tanteadores escuálidos que piden a gritos más sumas que restas.

Las mentiras piadosas para los embaucadores compungidos que tratan de convencer, a la afición adormilada, con eso de que las defensas ganan campeonatos. Si el pito mira para otro lado puede ser. ¿Ha visto alguien un cero a cero en un partido de baloncesto?. Los suficientemente inteligentes saben que siempre se GANA metiendo una canasta más que el que tienes en frente, y encima, cuantas más se meten, más se alegran las retinas.

No me extraña que cada vez haya más gente que cruce charcos y duerma menos; ellos cuidan el espectáculo que es la madre del espectador.

Favorezcamos el baloncesto ofensivo, los movimientos del artista, la alegría en el juego y la creatividad; aborrezcamos el tedio, el palo, los pasos porque si y al que aborta contraataques. Al que quiera jugar a otra cosa le aconsejo tatamis, rings y gimnasios.

El día que pasemos de los noventa los aros tocarán palmas, y las audiencias y espectadores no digamos.

Escrito por Mikel Cuadra (@mikelcuadra)

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