Detroit Pistons 2004. El cemento reconquista la liga


Detroit Pistons 2004. El cemento reconquista la liga

A todos nos gustan los equipos preciosistas, ofensivos, virtuosos. Todos gozamos con el baloncesto plástico, que busca siempre correr y anotar. Pero servidor también aprecia el otro baloncesto, el de esos equipos construidos desde la defensa, grupos con un toque macarra que desafían a sus rivales y controlan el juego desde las ayudas constantes, blindando la zona y recurriendo a la agresividad bien entendida.

 

A principios del SXXI, la NBA presenció el resurgir de los Detroit Pistons. El equipo del Estado de Michigan se hizo mayor en la liga cuando ganó los dos anillos de los Bad Boys, con un equipo rudo, en ocasiones lindando con la violencia (y siempre al límite del reglamento), liderado por Isaiah Thomas junto a Joe Dumars, Dennis Rodman, Bill Laimbeer o Rick Mahorn. 

 

La historia de los herederos de aquel equipo comienza en los playoffs de 2003, más concretamente en las finales del Este. Los Pistons de Rick Carlisle se encuentran en la ronda previa a la gran final con los New Jersey Nets del genial Jason Kidd. El general con la zamarra #5 toma el mando absoluto de la serie y los Nets barren a los Pistons 4-0, confirmando que son los jefes del Este. Aquellos Nets acabarían perdiendo el título ante los Spurs de Tim Duncan, pero nada de eso importaba en la Mo-Town.

 

La derrota resultó frustrante para las altas esferas de la orgullosa franquicia, y Joe Dumars (GM del equipo, antiguo integrante de los Bad Boys) decide dar un golpe de timón al banquillo: Carlisle fuera por el profesor Larry Brown. Los inicios del afamado coach (conocido por sus mútiples cambios de equipo y su carácter algo difícil con algunos jugadores, pero muy respetado por sus enormes conocimientos y didácticos entrenamientos) no resultan sencillos, y los Pistons dan algunos tumbos hasta que en el parón del All-Star logran dar el toque final a la plantilla. Con Chauncey Billups y Richard Hamilton como líderes ofensivos, un Ben Wallace monstruoso en defensa, el joven Tayshaun Prince aportando en ambos lados de la cancha, y varios jugadores de complemento (Darvin Ham, Elden Campbell, Lindsday Hunter), a los Pistons le faltaba la guinda para coronar una plantilla con claro talante grupal. Y esa guinda resulta ser Rasheed Wallace. El fichaje resultaba polémico y discutible a todas luces, pero el carácter problemático de Sheed no llega en su maleta a Michigan y el equipo, espoleado por su talento en ataque y su enorme motivación en defensa (en ocasiones excesiva, llevándose multitud de técnicas de los árbitros), gana 20 de los últimos 23 partidos de la temporada para acabar con 54 victorias. 

 

En los playoffs, la tropa de Next-Town Brown se carga a Milwaukee primero y se da el gustazo de vengarse de los Nets en semifinales, tras una serie durísima que se va al séptimo partido. Después de hacerse con los dos primeros duelos, los de Michigan asisten impotentes a la furibunda reacción de los Nets, que superan la infernal defensa de Detroit y gana los 3 partidos siguientes al son del ritmo marcado por Kidd, con Jefferson y Martin ejecutando la ofensiva. Parecía que la historia se repetiría, que los de la orilla del Hudson volverían a mandar de vacaciones a los Pistons… nada más lejos de la realidad. Al borde del abismo, el grupo resucita: mítica victoria en New Jersey y salvaje defensa de nuevo en la batalla decisiva, para imponerse 90-69 en el Palace.

 

En las finales de conferencia, los Pacers también bajan al fango a pelear con los Pistons, y la serie se convierte en una orgía de marcadores bajos, tapones y palos por doquier: puro baloncesto del este. Los de Indiana llegaban liderados por Jermaine O´Neal en su mejor momento y por un Artest perfectamente dispuesto a guerrear contra sus rivales. Pese al trabajo de ambos y a los tiros milagrosos de Reggie Miller (un tremendo tapón de Prince al killer de Indiana impidió que el  #31 diera por segunda vez la victoria in-extremis a su equipo), un brutal Hamilton lideró a su equipo a las finales con la victoria global por 4-2.

 

Y llegamos a la finalísima de la NBA, la tierra prometida. Bajo el abrigo del Staples Center primero y del Palace of Auburn Hills después, se escenifica una de las mayores sopresas de la historia del baloncesto, con los Pistons ridiculizando a los Lakers de los 4 Fantásticos. Pese a llegar como supuestos comparsas al acto de coronación del super-equipo de Phil Jackson (con Karl Malone y Gary Payton uniendo sus fuerzas a Shaq y Kobe, en busca del anillo que culminara sus brillantes carreras), la intensidad y el pundonor de los de Michigan desarbolan a unos Lakers que sólo son capaces de ganar el segundo partido, tras una prórroga forzada por un triple en los últimos segundos de Kobe Bryant. La defensa de Prince sobre el escolta angelino y de los Wallace sobre Shaquille O´Neal destruye a los amarillos, incapaces además de frenar a un Billups que gana con merecimiento el MVP de las finales. Detroit lo volvió a hacer, con un equipo áspero para todos menos para los orgullosos habitantes de la Mo-Town. El cemento aplastó al glamour californiano.

Escrito por Juan Luis Barbero (@Juanlu_num7)

En JordanyPippen nos interesa tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s