Una final que es un homenaje al baloncesto


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El CSKA por fin recuperó el trono europeo. Un trono al que había llegado por última vez en 2008 y que desde entonces se había convertido en algo inalcanzable, con continuas decepciones cuando ya tocaba la gloria con la punta de los dedos. Muy cerca estuvo ayer de volver a repetirse la historia, cuando el Fenerbahce de Zeljko Obradovic remontaba una desventaja de 20 puntos para ponerse por delante a un puñado de segundos del final del partido y sembrar el pánico una vez más entre las filas moscovitas. Pero esta vez no. Esta vez los miedos acumulados tras años y años hundiéndose en el peor momento se evaporaron cuando Khryapa, uno de los mejores ala-pívots que ha dado el baloncesto europeo en las últimas dos décadas cazaba un rebote a dos metros del aro y el balón entraba con no poco suspense, mandando a la prórroga un partido que ya entonces era un homenaje al baloncesto tal y como se entiende a este lado del Atlántico, que es en mucho aspectos mucho más puro que el que se practica al otro lado. Un partido monumental y una final que debe pasar a la historia grande del baloncesto.

No podía ser una sorpresa que CSKA de Moscú y Fenerbahce se enfrentaran en la final. Seguramente las dos mejores plantillas de Europa dirigidas por el mejor entrenador del baloncesto europeo y el que fuera su mano derecha durante más de dos décadas. El genio Obradovic contra el que fuera el responsable del entramado defensivo del Panathinaikos durante las 13 temporadas que Zeljko permaneció en Atenas; un Dimitris Iotudis que ha hecho jugar a la colección de estrellas del CSKA un baloncesto primoroso. Las 8 copas de Europa de Obradovic contra las 5 que Iotudis ganó como su asistente.

El partido se planteaba como una gran partida de ajedrez entre dos estrategas de primer nivel y como tal empezó. Un primer cuarto intensísimo, en el que los de Moscú llevaban las riendas del choque y los de Estambul respondían a cada intento de despegue para mantener el partido en un puño dio paso a 10 minutos de ensueño del CSKA. Jugando un baloncesto precioso en ataque y mordiendo en defensa, los rusos se escapaban y parecían tener su séptimo título europeo en el bolsillo cuando en el descanso el marcador señalaba un claro 30-50 a su favor. El Fenerbahce había sido una sombra en el segundo cuarto, barrido por su rival. Gran parte de culpa en ello tenía el desastroso partido de Jan Vesely, incapaz de acertar con el aro desde la línea de tiros libres (0/8 al descanso, 1/10 al final del partido).

Pero quien dé por muerto a Obradovic antes de tiempo comete el error de su vida. Y quien crea que el CSKA puede vivir una final cómoda tras lo ocurrido en 2012, cuando el Olympiakos les remontó un 53-34 en 12 minutos, estará subestimando el papel que pueden jugar sus fantasmas en un equipo atenazado por su pasado más reciente.

Así, si la primera parte había sido un festival ruso, la segunda se abría con el Fenerbahce por fin apretando en defensa. La bronca de Obradovic a los suyos se debió oír a varios kilómetros a la redonda del pabellón y su equipo por fin se presentó al partido. De todas formas, los nuevos bríos del Fenderbahce sirvieron para que el CSKA no pudiera seguir jugando cómodo pero tuvo que ser una agresión a Kalinic por parte de uno de los seguidores VIP del CSKA la que diera definitivamente la vuelta al partido. Así, mediado el tercer cuarto, un espectador daba un golpe al jugador del Fenerbahce y se organizaba una monumental bronca a pie de pista de la que el CSKA salía despistado y el Fenerbahce iniciaba la remontada.

Remontada que se culminaría a 20 segundos del final, cuando todos los miedos del CSKA se congregaban alrededor de su banquillo y Sloukas ponía dos arriba al Fenerbahce tras anotar dos tiros libres. Por entonces el partido ya era uno de los mejores vividos en la historia de la Final Four, pero aún quedaba la redención del equipo de Moscú y de Victor Khryapa, que cazaba un rebote tras un triple precipitado de Nando de Colo para mandar el partido a la prórroga. La canasta sirvió de exorcismo para los del CSKA que serían por fin mejores en el tiempo extra, aunque los de Estambul lo siguieron intentando hasta el último segundo.

Un partido que tuvo de todo, incluida la polémica, ya que la canasta de Khryapa viene precedida de unos pasos bastante claros de De Colo. Pasos que en cualquier caso no se pitaron y que provocaron la airada protesta de Obradovic al final (y también una reacción bastante fea al abrazo de su amigo Iotudis, por cierto. Nada que no se pueda esperar del carácter volcánico de Zeljko).

En suma, el CSKA se proclama por séptima vez campeón de Europa. Se sitúa de nuevo a dos de distancia del Real Madrid, que lidera el palmarés con nueve. Dimitris Iotudis se consagra como un excelente técnico y Milos Teodosic se quita la etiqueta de gafe que arrastraba tras perder seis Final Four con anterioridad. Nando De Colo fue nombrado MVP de la final. El francés es fiel reflejo de las dos caras de la final: brillante al inicio, temeroso en el último cuarto y explosivo en la prórroga.

Ganó el CSKA. Ganó el baloncesto.

 

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