Jugada final. Ganando de dos, balón del rival


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En mi anterior artículo hablo del caso en que se gana de tres. Hoy vamos con el segundo artículo de la serie, que pretendo sea continua, sobre la manera en que veo los finales apretados.

En mis discusiones sobre el caso del artículo anterior me he encontrado con utilización de partidos en que se daba este caso como argumento en contra de mi tesis. Parece, pues, que se considera una situación similar; pero eso está muy lejos de la realidad. El estar dos o tres puntos por encima cambia mucho las cosas y no hay ninguna equivalencia entre ambos.

La diferencia fundamental entre ir tres arriba y dos arriba es que en el el primer caso lo máximo que el rival puede obtener de una canasta en juego es la prórroga y que esa canasta ha de ser un triple. Eso convierte la zona de dos puntos en irrelevante para la defensa. Sin embargo, en este caso que nos ocupa hoy, ese máximo que proporciona el triple es una victoria, mientras que una canasta de dos puntos es la que lleva el partido a la prórroga. Todo el campo defensivo es relevante, ya no hay ningún área de la cancha que pueda ser abandonada por la defensa. Eso significa que ésta ya no dispone de la ventaja que proporciona el saber que al rival sólo le vale un triple. Al rival le vale cualquier canasta en juego para evitar la derrota; es posible que el rival quiera la victoria con la prórroga. La defensa es de cinco contra cinco.

La elección entre falta y defensa aquí es más complicada que en el caso anteriormente examinado. La solución ya no depende sólo de la situación en sí, sino que depende mucho más de las circunstancias y del rival. Cuando uno se encuentra en esta situación debe responder a varias preguntas que, tal y como se verá al final, también han de aplicarse pensando en nuestro ataque:

-¿Cuántos tiradores fiables tiene el rival? ¿Tienen sangre fría o les pueden los nervios?.

Si el equipo rival dispone de buenos tiradores hace más probable que intenten ganar con un triple, con lo que la zona exterior cobra aún mayor importancia. En caso de no disponer de grandes triplistas, dicha zona seguiría siendo importante, ya que un tiro de tres les dará la victoria; pero aumentan las posibilidades de que se conformen con una prórroga. No es la pregunta más importante, ya que todo equipo tiene jugadores con un buen tiro exterior. Así pues, que el rival busque un triple es una opción que nunca está completamente eliminada por la respuesta a esta pregunta.

-¿Hay problemas de faltas con jugadores fundamentales?

Si no los hay en ninguno de los equipos, de poco vale la pregunta. Si la respuesta es afirmativa respecto al equipo que está por delante, llevará a una sensación de vulnerabilidad. La expectativa será que una prórroga sea favorable al equipo que está atacando pues ese jugador cargado de faltas no podrá defender muy fuerte sin riesgo a la eliminación, es un claro objetivo que aprovechar tanto por su menor nivel defensivo como por buscar su eliminación con la quinta falta para eliminar su aportación ofensiva. Lo más probable es que el equipo que ataca vea más posibilidades de victoria buscando la prórroga con una canasta de dos, más fácil que un triple.

Si la respuesta es que el problema con las faltas la tiene el rival, entonces lo más probable es que vea la prórroga como la manera de dejar pasar la oportunidad de ganar, entonces lo más probable es que intente ganar con un triple.

-¿Quién es el que ha remontado el partido?

Más decisivo en el caso de que haya sea el equipo que está atacando. Con frecuencia en los comentarios, aunque personalmente no he llevado la cuenta de  si la estadística ratifica esto, se dice que en el caso de una prórroga en que un equipo ha ido por delante la mayor parte del partido y otro les ha remontado hasta forzar la prórroga, el estado anímico resultante es favorable al equipo que ha remontado. Ellos se encuentran con la moral subida; han conseguido volver al partido, impedir su derrota, el rival es asequible. En cambio, el equipo que ha perdido la ventaja se encuentra en la situación inversa, el haber perdido la ventaja y la oportunidad de ganar el partido rebaja el nivel anímico, además de que el rival se ha mostrado más fuerte en en el final para remontar, con lo que también se crea una sensación de miedo a que el cambio de fortuna sea irreversible.

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En el caso de que el equipo que ha remontado haya sido el defensor, la superioridad moral de la que dispondrá en la prórroga no será tan clara. Dependerá del tipo de mentalidad de los jugadores y entrenadores; puede afrontar la prórroga con optimismo por haber remontado o, por el contrario, que suponga mayor peso la decepción de no haber defendido bien la última jugada.

En la tercera respuesta, que es la de que el partido ha sido igualado y nadie ha remontado, la pregunta se hace irrelevante, aunque el factor moral de una prórroga puede quedar afectado por la decepción de haber perdido la primera oportunidad de haber ganado el partido.

-¿Qué equipo dispone de un banquillo más profundo?

El que tenga menos jugadores de garantía será quien más sufra el cansancio, por tanto al que más penalice la prolongación del partido.

-¿Cuál es el estado de las defensas y los ataques?

La pregunta se aplica a ambos equipos. ¿Estamos defendiendo bien? ¿Estamos atacando bien? ¿Y ellos? Las respuestas nos darán una idea no sólo del grado de confianza que podemos depositar en nuestros recursos, sino también en el que pueda tener el rival. Podemos esperar que el entrenador rival se encuentre con la confianza suficiente para ordenar un movimiento con el objetivo de lograr un triple librado para ganar ya el partido, puede no tener tanta confianza en ello y preferir un más fácil tiro de dos con la esperanza de ganar la prórroga o puede sentir que la mejor opción que tiene de volver a casa con la victoria es ir ya por ella con un triple. De igual modo podemos tener confianza en que nuestra defensa tenga la capacidad de impedir que su último ataque llegue a buen puerto o, tal vez, pensar que tendríamos serias opciones de culminar con éxito un último ataque.

-¿Quién es el entrenador rival?

Es decir, ¿cuál es el estilo del rival? Podemos estar enfrentándonos a un entrenador audaz o cauteloso, valiente o cobarde, flexible o inflexible, dispuesto a más o menos riesgos… Un entrenador audaz y dispuesto a grandes riesgos puede intentar ganar ya, mientras que otro también audaz pero menos lanzado puede preferir la prórroga y un entrenador con poca dureza mental puede también querer un triple ya por no enfrentarse a la tensión de una prórroga.

Unido con ello está la pregunta sobre qué es lo que ha solido hacer recientemente y en su carrera. Si es un entrenador flexible será más posible que no repita elección. Si ha estado haciendo lo mismo y le ha funcionado más veces de las que no, lo probable es que repita elección, mientras que si ha hecho la misma elección con poco éxito, crecen las posibilidades de que cambie de opción.

-¿Cómo afectan los nervios a los jugadores? ¿Cómo suelen actuar en estas circunstancias?

De nuevo, aplicado a ambos equipos. Hay jugadores con nervios de acero con quienes no se nota que un campeonato se está decidiendo en la última jugada, otros se convierten en un manojo de nervios que parecen quedarse ciegos en un final apretado, aunque sea de un partido regular sin nada en juego. Los hay también que parecen firmes y tranquilos, pero que nunca siguen el plan, ya sea por querer llevarse la gloria o porque sólo ocultan bien sus nervios.

-¿Cuál es el estado individual de los jugadores propios y rivales?

Tal vez el rival tiene un jugador especialmente peligroso al que hay que parar y que es efectivo en determinadas distancias. O puede que sea un jugador en muy bajo estado de forma o que tiene ciertas carencias en su juego al que se puede tentar a jugarse un tiro que falla nueve de cada diez intentos. O uno de nuestros jugadores tiene un conocido problema a la hora de defender determinado tipo de jugada o de jugador que el rival tiene. Esto se enlaza con la siguiente pregunta:

-¿Hay alguna debilidad o fortaleza obvia en cada bando?

Esto nos dará una idea de cuáles serán los más probables puntos de ataque que el rival intentará aprovechar. Y hacia qué vías tendríamos que tratar de dirigirlo. Y de igual modo cómo podríamos plantear un ataque final. Esto incluye rebotes tras tiros libres.

-¿Cómo han funcionado para cada equipo la última posesión de cada cuarto?

No sólo en este partido, que será lo más importante, sino también en los anteriores y durante la temporada.

Con las respuestas a esas preguntas anteriores, podemos formular las respuestas a las preguntas definitivas sobre nosotros y nuestro rival para decidir qué queremos hacer: ¿A quién beneficiaría, en principio, una prórroga? ¿La quiere mi rival? ¿Me parece aceptable? ¿Cuál es el mejor método a mi disposición para evitarla? ¿Cuál será la reacción del rival? ¿Cuánto tiempo queda?

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Y la respuesta a esas preguntas nos proporcionará la decisión que habremos de tomar entre las siguientes opciones:

A) Defender con foco en la zona de tres: podemos arriesgar a que nos lleven a la prórroga, no a perder ya.

B) Defender con foco en el interior y algún jugador con buena mano. No queremos prórroga, el rival por plan previsto o jugadores en su plantilla no planteará una especial amenaza por fuera y esta es la manera de evitar la prórroga con más opciones de éxito.

C) Hacer falta. No tenemos gran inconveniente en ir a la prórroga, es esperable que nuestro rival quiera ganar ya y no tenemos suficiente confianza en nuestra defensa. En los tiros libres no serán tan imprudentes de tirar a fallar para buscar el rebote y ganar. Que eso suceda sigue siendo un riesgo; pero no estando en el plan del rival es de menor grado que si ganáramos de tres. Lo último que queremos es un triple y el riesgo de 1+2 es menor aquí.

D) Hacer falta. Pero esta vez porque no queremos la prórroga; sin embargo, no confiamos en nuestra defensa. También puede ser que nuestra naturaleza es de querer tener nosotros la última palabra; no hacemos falta con la idea de evitar un triple rival a toda costa, hacemos falta porque queremos tener la última posesión para ganar el partido con nuestro ataque.

Personalmente, no veo ya una opción que sea (me parezca) objetivamente superior a las otras. Dependerá, como ya dije al inicio, de las circunstancias del partido. Obviamente, la opción D) necesita que haya un mínimo de tiempo disponible, que yo colocaría en siete segundos, para poder elaborar un ataque sin precipitaciones.

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