Padre de familia y enamorado del golf. Así vive sus años de retiro el emigrante croata más famoso de los Estados Unidos al que ni siquiera los recientes rumores sobre su presunta participación en una red de prostitución alteran su ánimo. Hablamos de Toni Kukoc.
El mismo alero adolescente que lideró junto a Radja, Tabak o Perasovic a la imparable Jugoplastika de finales de los ochenta. El mismo que acompañó a Petrovic y Divac en los Europeos conquistados en 1989 y 1991 y en el Mundial de 1990 con la extinta Yugoslavia. Pasados los años aún conserva su aire intelectual, el mismo que le llevó a ser considerado uno de los mejores pasadores de este juego.
Si mides 2,10, eres zurdo y posees una coordinación fuera de lo común lo tuyo no es el fútbol. Algo así le debió decir Sergio Kresic, su entrenador en el Hadjuk Split cuando Toni aún era un prepúber. No porque no pudiera hacerlo bien. Sí, porque existía (y existe) un deporte que parecía (y parece) diseñado a su medida. Y así quedó demostrado durante sus primeros años en Europa repartidos entre la Jugoplastika y la Benneton de Treviso hasta el punto de ser considerado como el mejor jugador de la Euroliga en 1993. El talento de Toni era conocido en todo el mundo y, sin embargo, la cerrazón y falta de visión de algunos general managers americanos, posibilitaron el que Kukoc fuera elegido en la vigésimonovena posición del draft de 1990 por detrás de una gran cantidad de tipos que ni siquiera hicieron carrera en la NBA.
Su llegada a la liga coincidió con un momento de incertidumbre tanto para ésta como para la propia franquicia de Chicago. Michael Jordan había anunciado que abandonaba el baloncesto a raíz de la muerte de su padre para probar fortuna con el béisbol. Los Bulls afrontaban una etapa de transición con un Pippen descontento y con un Phil Jackson convencido de que su gran estrella regresaría tarde o temprano a su verdadero hogar, la cancha de baloncesto.
Kukoc tardaría poco en darse cuenta de dos cosas. Una, su juego era más que suficiente para ser importante en la NBA y dos, sus compañeros y su entrenador no se lo iban a poner sencillo. Y no se trata de un caso de xenofobia o trato discriminatorio, sino de varias circunstancias que jugaron en contra del croata.
Es por todos conocida la mala relación entre Jordan y el General Manager, Jerry Krause. Pues bien, el joven croata se convirtió pronto en el “hombre del presidente”, en el yerno ideal extremadamente mimado y, pronto, los dardos empezaron a planear sobre su cabeza. Su contrato multimillonario coincidió con un momento en el que tanto Jordan como Pippen se encontraban infravalorados salarialmente.
El dúo ganador de los Bulls no esperó tan siquiera a su llegada para hacerle saber lo que le aguardaba. Fue durante los dos partidos que disputaron Croacia y Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona (partido de grupo y la Gran Final) cuando las dos estrellas norteamericanas quisieron comprobar de qué material estaba fabricado el emergente talento balcánico.
Más duras aún fueron las pruebas a las que se vio sometido por su entrenador, el entonces grande y hoy leyenda, Phil Jackson. Amante de exponer a sus jugadores ante la prensa, algo que sabe bien Pau Gasol, Phil retaba al croata con declaraciones del tipo: “Hoy Kukoc ha jugado bien porque pudo hablar con su madre por teléfono”. Del mismo modo, también es conocida la afición de Phil Jackson por regalar libros a sus jugadores. Pues bien, el primero que recibió Kukoc de la mano de su técnico fue un cómic sin apenas diálogos con una nota que traducida al español diría algo así como: “No estaba seguro de que pudieras leer en inglés”.
Hay diferentes caminos para reaccionar ante una situación hostil. Uno es agachar las orejas y aguantar hasta que escampe el temporal. La otra, la de los jugadores con carácter sabedores de su talento, demostrar lo que llevan dentro. En el caso de Kukoc, capacidades técnicas y compromiso con el juego de equipo. Capacidad para hacer mejores a sus compañeros. Y para ganar partidos. Como hizo a falta de 1,8 segundos en un partido de playoffs ante los Knicks en una jugada que Jackson diseñó para él haciendo que Pippen rehusara volver al parquet. Carácter ganador. Gen yugoslavo.
Cuando Jordan regresó, Kukoc pasó a ocupar el rol de sexto hombre, ganando el galardón que conmemora al mejor jugador de banquillo en 1996, la temporada del récord de victorias en temporada regular, quizá la de mayor dominio por parte de un equipo profesional en ningún deporte (sólo comparable quizá a la del F.C. Barcelona en 2009). Y parte esencial de aquel éxito fue, sin duda, el juego altruista y generoso del zurdo apodado como “The Waiter” por su facilidad para servir canastas en bandeja para los compañeros.
Kukoc no tiene dudas. De haber jugado para sí mismo habría cosechado medias de más de veinticinco puntos por partido en vez de las más modestas de 13, 14 ó 15 que se elevaron hasta los 18 cuando se quedó al frente de unos Bulls deshechos tras la marcha de Jordan y de Scottie Pippen. De haberlo hecho de aquella manera habría ganado más dinero, habría estado presente en varios All Stars y, sin embargo, no habría conquistado ningún anillo. Así, por tanto, podemos encuadrar al croata entre esos escasos guardianes del secreto entre los que se cuentan algunos de los hombres a los que ya hemos rendido homenaje desde este blog como Bill Russell, Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird o Isiah Thomas. Sin ser tan grande como éstos Kukoc siempre supo cuál era el camino más corto hacia la victoria. Su talento también ayudó.
Ahora Jordan y Kukoc rememoran viejas vivencias mientras pasean por los campos de golf. Olvidadas quedan las primeras disputas, las dudas iniciales y los desencuentros. Ahora sonríen y lucen sus seis y tres anillos respectivamente. Comparten carcajadas y se dicen algo al oído. ¿Será el secreto?
Comparte con nosotros tus recuerdos sobre el gran anotador y mejor pasador que fue Toni Kukoc, sobre su capacidad para jugar en cualquier posición y para meter tiros importantes. Recuerda, también, si quieres, los años que vivió en Philadelphia o Milwaukee dando clases de baloncesto cuando ya sus piernas le impedían volar tan alto como en su juventud (ese talento físico con el que también contaba y que quedó un tanto eclipsado por sus otras capacidades).

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